El nuevo orden

Manifiesto homonormado

“¿No te meterías con un gay afeminado ni por solidaridad con tus amigas?”, me preguntaron.

Lo primero que pensé fue en la respuesta de John Lydon cada que le preguntan sobre los Beatles: “Sí, de acuerdo, tienen un par de discos buenos… Me acuerdo de haberlos visto en Top of the Pops cantando ‘All you need is love’, todo ese la la la la laaaa. ¡A la chingada! Maldita sea, pues yo también necesito otras cosas. Y no me gusta que me hagan sentir un egoísta por ser consciente de la realidad desde tan joven”.

Hace tiempo que lleva cociéndose una suerte de paranoia en muchos homosexuales: asociar los no afeminados, escritos en los perfiles de las páginas web o apps de ligue y sexo a un síntoma de machismo, de sobajar a la mujer, de pisotear su representación. Presunción algo desproporcionada, creo. Cierto que cada cinco o seis cuadritos del Scruff te topas a un imbécil que recurre a la prepotencia, el insulto y el clasismo para describir aquello que no le prende. No creo que los acomplejados tengan suficiente materia gris que les permita sistematizar argumentos de misoginia. Tan sólo discriminan para “respirar un poco de ser”, como diría Fadanelli.

Algunos mencionan (casi siempre desde el púlpito de la corrección política) la palabra homonormados para encasillar a los homosexuales que manifiestan su no química con los afeminados. ¿Estaré yo en esa categoría? Quizás. Tengo un tatuaje de Tom of Finland en el brazo derecho y obsesión por el boxeo, que aumenta conforme mi tímpano se hace papilla porque sigo muy pendejo para esquivar los volados, siento ganas de madrear a esos hombres que intentan besar mujeres a la fuerza y la joteada se me da con tremenda facilidad. Soy tan repugnantemente norteño que me gana la franqueza y no tengo la necesidad de convencer y demostrar nada a nadie. Apoyo en lo que creo y como puedo, pero en la república de mis sábanas soy un pinche dictador. Lo siento.

Curiosamente, reconozco que mi homonorma (si es que la padezco) está influenciada en parte por una feminista, para mí una de las más brillantes, aunque también de las más piradas: Valerie Solanas. Su Manifiesto SCUM, publicado en 1968 (un juego de palabras entre el acrónimo Society for Cutting Up Men y la acepción de scum, que podría traducirse como heces o escoria), me pone de malas y eufórico al mismo tiempo. Feroz contradicción que es prodigiosa.

Valerie arranca su Manifiesto SCUM: “Vivir en esta sociedad significa, con suerte, morir de aburrimiento; nada concierne a las mujeres; pero, a las dotadas de una mente cívica, de sentido de la responsabilidad y de la búsqueda de emociones, les queda una —sólo una única— posibilidad: destruir el gobierno, eliminar el sistema monetario, instaurar la automatización total y destruir al sexo masculino… La virilidad es una deficiencia orgánica, una enfermedad; los machos son lisiados emocionales”.

A diferencia de algunos gays, que en su planteamiento de la homonorma pareciera que buscan algo entre la palmada en la espalda y la inquisición, a Solanas le tenía sin cuidado lo que pensaran de ella cuando proponía la aniquilación de los hombres como método en la construcción de un mundo mejor. Valerie es recordada también por dispararle a Andy Warhol. Después se supo que padecía trastornos mentales. No obstante su empoderamiento, insolente y lúcido, es como dopamina y reinterpreto su manifiesto desde mi homosexualidad. Exploro confusiones, ímpetus y fetiches que tienen que ver con la hipermasculinidad, sudorosa y reflexiva e inconforme de Henry Rollins, la sensibilidad de Nick Hornby o la perversión según Bryan Ferry. No soy tan ambicioso como la Solanas. No quiero destruir a nadie, excepto por la discografía de las Jeans. Me conformo con pequeñas anarquías y parte de mi búsqueda de las emociones suceden en esos espacios gays donde las mujeres tienen estrictamente prohibida la entrada.

Gracias, Valerie, por estimular mi homonorma.

Así que, respondiendo a la pregunta inicial: nunca digo no. Pero no es algo que me excite a la primera. ¿Debería avergonzarme y sentirme culpable por ello? Prefiero sentirme orgulloso de mi deficiencia orgánica.

Twitter: @wencesbgay 

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