El nuevo orden

"Gaypower": la invasión buga en el Folsom Street Fair

Me hablaron de un programa de televisión tratando de extraerme una opinión respecto a ese enfoque del papa Francisco aparentemente afable con los homosexuales.

Conocí a Dany en medio de la multitud que se amontonaba y expandía morbosa alrededor del espectáculo: una docena de hombres en shorts, tangas o jockstraps jugando Twister sobre el escenario patrocinado por el SteamWorks Baths. Charlaba con un paisano que encontré deambulando por el área de las cervezas. Dany reconoció nuestro español. Había vivido años atrás entre Bogotá y Guadalajara y le gustaba practicar el castellano: “Nunca había visto tanta gente en el Folsom como este año, ¡no se puede ni caminar! Pero hay algo que no me está gustando: lo siento muy straight”. Dany no era el primero que me confesaba tal sensación. Minutos antes me detuve en la esquina de Folsom y la 10th pues reconocí al actor porno Max Cameron de pie frente a un taller mecánico, con chaps de cuero y las nalgas al aire mientras un rapado le practicaba sexo oral a eso de las 3 de la tarde. En efecto, de quienes examinábamos la escena, creo que sólo el bato con una arracada sujetada por las dos fosas nasales y yo éramos gays. El resto de los mirones eran chicas con lentes oscuros y cinturas acorraladas por hombres que daban la impresión de pertenecer a alguna fraternidad. El bato de la arracada me susurró que se había puesto cachondo al toparse, en vivo, con la herramienta del Cameron. Quería formarse, como para ser el segundo en turno, pero los bugas lo intimidaban: “El Folsom de este año está muy straight” dijo.

La Folsom Street Fair, que sucede ininterrumpidamente desde 1984 (en el penúltimo o último domingo de septiembre), surgió como una celebración al fetichismo leather organizado en principio por puros hombres homosexuales. De algún modo, varios gays devotos sintieron este 2014 algo así como una invasión buga. Aunque en ningún momento se les ocurrió hacer una marcha contra los heteros que simpatizan con las prácticas leather, como hizo la muchedumbre saltillense defendiendo el carácter heterosexual del matrimonio. Para muchos gays devotos del Folsom, lo leather es algo sagrado.

Me hablaron de un programa de televisión tratando de extraerme una opinión respecto a ese enfoque del papa Francisco aparentemente afable con la población homosexual. Le contesté que cualquier declaración del papa Francisco me importaba igual o menos que la alineación del Monarcas Morelia. Compartí tal opinión en redes sociales y por lo visto mi rebeldía clerical alteró la fe de varios gays. Según ellos, el valor de las (sospechosas) declaraciones del papa Francisco a favor de gays y lesbianas, radica en que dado el poder influyente de la Iglesia católica, puede aminorar la homofobia en sus feligreses.

Pienso en la Folsom Street Fair: me parece es una jadeante muestra de cómo los gays pueden apoderarse del espacio público heteronormativo de origen, del pensamiento social, del imaginario buga, bajo sus propios términos y fetiches, depravados para buena parte de la sensibilidad buga. Por eso me gusta asistir. Me hace sentir parte de un logro comunitario que no se amedrentó frente al escarnio hetero, incluyendo ese poder católico que muchos gays traen a cuento.

stereowences@hotmail.com

http://twitter.com/wencesbgay