El nuevo orden

Estupideces

Nuestro error, creo, es que antes de aceptarnos, caemos con desmedida candidez a las trampas morales. Nada calla la boca como eso.

Indignarse hasta la punta más alta de la peluca, arrancarse el collar de perlas, pegar de gritos afuera de cualquier edificio que en su fachada tenga instalado el logo de Derechos Humanos se me hace igual de fanático y radical que las declaraciones como las que expectoraron recientemente la esposa del gobernador de Durango o el obispo de Aguascalientes. Claro que cuando las estupideces son expuestas desde púlpitos políticos o religiosos y recibidas por un puñado de estúpidos amaestrados para encajar, a costa de lo que sea, en el lado de los bien portados y las obedecen cegados por las buenas apariencias o un temor a la ira católica, surge el caldo de cultivo para la homofobia. Traigo a cuento lo de estúpidos porque en este galimatías de heterosexualidades e injuriados, por ahí me topé con que alguien sugirió que la homosexualidad no era más que una “maña de gente pensante”.

Aunque propongo no ignorar el hecho de que hoy día, encajar en las huestes políticamente correctas que simpatizan con las minorías es algo así como una moda. Me enferman esos hipsters con deliciosas barbas y camisas a lo Pearl Jam que se las dan de progresistas y resultan más machistas y espantados que cualquier Godínez de Provida. Creo que se quita más rápido el cinturón un panista de clóset. Total: hay ciertos momentos y rincones donde toda postura política termina en los talones. Más cuándo sabes perfectamente que nunca lo volverás a ver.

Encajar es, en general y a mi parecer, una estupidez innecesaria.

Y es cuando recapacito y veo que la esposa del gobernador de Durando no está del todo errada, al menos en su intuición: ¿qué, ser gay no es una moda? Luego entonces el porqué los iconos que hasta se vuelven reinas de Marchas del Orgullo van de Gloria Trevi a Lady Gaga y nunca voltean a ver a Henry Rollins o Bob Mould o a El Personal (baluarte injustamente desapercibido por el imaginario gay nacional), que hablaban del matrimonio gay cuando no era… ¿una moda? ¿Que somos tan degenerados y por eso nos infectamos de sida? La primera dama duranguense se queda corta. Hoy día el bareback es casi una contracultura; si se entera de la leyenda de los bug chasers es capaz de poner a Richard Cohen al frente del DIF Durango.

Sí, puede que se nos haya pasado la mano con eso de la moda. Definitivamente somos un grupo de riesgo en cuanto al sida. Ni qué decir de la promiscuidad, que aunque muchos gay la nieguen, es una realidad… ¿y?

Nuestro error, creo, es que antes de aceptarnos, caemos con desmedida candidez a las trampas morales colocadas por personas como Teresa Álvarez del Castillo o el obispo de Aguascalientes, José María de la Torre. Ante esas declaraciones, solemos emprender una defensa desde sus términos heteronormativos, justificándonos desde el principio, como si en fondo buscáramos su aprobación, cuando deberíamos ser más cínicos con ellos y honestos con nosotros mismos. Nada calla la boca como eso.

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