El nuevo orden

Elogio de lo anormal

Siempre agradeceré los matices de humor, aunque sean involuntarios, que el Dr. Luis Eugenio Todd, quien asegura que "Dios creó al hombre, luego a la mujer, ambos muy importantes pero somos diferentes", tenga una columna titulada "Ciencia y política". Me parece una escena borrada del capítulo más extremo de Seinfeld. En lugar de encabronarme, preferí leer ese remate una y otra vez evocando el efecto de risas grabadas.

Pero las propulsiones involuntarias no son exclusivas de los feligreses. Muchos gays decidieron hacer el corte b del sketch del Dr. Todd (que además ostenta el cargo de director de Divulgación Científica de la Universidad Autónoma de Nuevo León), es decir, se escandalizan de su diagnóstico sobre la homosexualidad basada en el Génesis, pero tiran cohetes y corren con la costurera cuando se enteran que una iglesia en un ejido de Finlandia aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo. Desaprueban una opinión basada en argumentos o prejuicios religiosos, pero si la misma religión se pone de su lado, entonces ya no hay pedo. Respeto, pero no dejo de pensar que cualquier iglesia, hasta la más vanguardista, la más chill out, impone una serie de reglas de alguna u otra manera ligadas a la noción de sacrificio, que no pienso cumplir. Por mucho que no les importe mi sexualidad, siempre estarán convencidas que saben mucho más de mis vacíos que yo.

No pisaré el pedal del efecto reverberación sobre la homofobia, la desinformación y la promoción del odio. Cada uno de los puntos que cita el Dr. Todd en su columna titulada "Homosexualidad: defecto o enfermedad", ya fueron refutados con argumentos de verdad científicos, sin arrebatos bíblicos, actualizándolo en la lectura de los manuales de las American Pshychiatric Association y American Pshycoligical Association respecto a la homosexualidad, demostrándole que las orientaciones sexuales no hetero no son una enfermedad.

Así que mejor me concentro en mis propias observaciones y obsesiones. En todas las polaroids que saqué de las secuelas que ocasionó la columna del Dr. Todd aparece un tembloroso miedo a ser percibido como algo disparejo al imaginario buga. El pavor que nos invade el adjetivo anormal me parece un efecto secundario a los derechos que se ganan constitucionalmente.

¿En qué momento de la ruta del arcoíris se extraviaron las consignas por la diversidad y ser normal se convirtió en la meta? ¿A quién le importa ser parte del ejército de la normalidad y por qué? ¿Hemos olvidado sospechar de lo mayoritario? Como bien dice Elvira Liceaga: "La normalidad está sobrevalorada".

"La normalidad confunde en vez de clarificar las cuestiones", dice el personaje de Mark Renton en la novela Trainspotting de Irvine Welsh: "La sociedad inventa una lógica falsa y retorcida para absorber y canalizar el comportamiento que considera fuera de los cánones mayoritarios... y no te dejarán hacer algo fuera de eso porque lo verían como una señal de su propio fracaso". Y los bugas no quieren fracasar en su colonialismo moral. Son ellos quienes prescriben las cuantificaciones de lo que entendemos como igualdad. La imagen que nos quieren vender de una sociedad más igualitaria es un vecindario de casas simétricas con un coche, una sala, un comedor, carriolas y un montón de secretos y frustraciones amontonadas junto a la lavadora.

Fue la normalidad quien edificó el clóset. ¿Para qué sale uno del clóset sino para decir que se es diferente?

El linchamiento a lo diferente se gesta precisamente en esos vecindarios de normalidad aparentemente funcional. Sus habitantes son capaces de cualquier bajeza con tal de sentirse aprobados. Siempre es más fácil aislar al diferente que valorarse y cuestionarse uno mismo porque eso implica reconocer diferencias susceptibles al rechazo. Hoy día los homosexuales podemos casarnos, compartir un seguro médico y redactar testamentos pero nos avergonzamos de sabernos anormales.

¿Por qué los gays querríamos fomentar eso?

Entiendo perfectamente que años de rechazo puedan cansarnos, pero ¿qué pasaría si combatiéramos la homofobia apoderándonos, sintiéndonos orgullosos de lo anormal según el axioma del Dr. Todd y todos aquellos que se creen poseedores de la normalidad absoluta?

A mí me funciona.


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