El nuevo orden

La conspiración del clóset

Que Pedro Sola salga del clóset es como si tu abuela te confesara que el secreto de esa receta que la hizo acreedora a la devoción de su estirpe era un simple cubo de caldo de pollo artificial, industrializado. Ya lo sospechabas, pero guardabas silencio para no atizar traumas ni pedos multifamiliares de esos que detonan bombas de sentimentalismo lacrimógeno. Las familias se hacen trizas por cualquier pendejada. O así me fue en la feria.

Nunca me pareció que viviera en el clóset. Se conducía bajo la máxima teoría de la obviedad enunciada por el gran Alberto Aguilera a.k.a. Juan Gabriel: "Lo que se ve no se juzga". Y tan comadres como siempre.

Pedrito es de esos complejos personajes cuya configuración mediática sirve para acomodar las piezas de tal forma que el coraje gay se diluya a una zona de confort, como esos cuartos de los psiquiátricos con las paredes acolchadas. Siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué no causa el mismo impacto la revelación de la homosexualidad de hombres como el boxeador puertorriqueño Orlando Cruz, el pitcher Sean Conroy de los Stompers de Sonoma (primer beisbolista profesional en activo abiertamente gay) o el mítico Rob Halford, vocalista de esa leyenda del heavy metal llamada Judas Priest?

Pedro Sola es una abuelita, en su cliché más piadoso, cándido y anticuado y joto, sí, con todo el escollo que arrastra esto último. Presta su imagen a un show televisivo donde la homosexualidad se aborda como un parque de diversiones temático en el que los gays somos carne de entretenimiento de los bugas, como la cobertura con Mauricio Mejía o Yolanda Andrade. No creo que confirmar las sospechas, fundadas en estereotipos promovidos en las entrelíneas de los chismes que el mismo Sola comparte según el teleprompter, como el de la caricatura torcida siempre necesaria en los programas de chismes donde las estrellas de la farándula dan gracias a Dios por todo, por los papeles de villanos en las telenovelas o las minifaldas, tenga un mérito que beneficie a los homosexuales.

El efecto mediático de declaraciones como la de Sola se me figura un escalón en la farandulización de los derechos homosexuales que luego encumbran a personajes como Yuri, que tarde o temprano terminan alcanzados por sus convicciones de moral tradicional y entonces el sentimiento de traición aparece y de nuevo nos hacemos ovillos porque nos sentimos rechazados. Estereotipados.

El círculo vicioso de la homosexualidad televisada en señal abierta.

Me convence más la actitud de alguien como el presentador de espectáculos Alex Kaffie, tiene agallas para llevar los estereotipos gay al extremo sin preocuparse por agradar. Posee un estilo revoltoso al momento de soltar los chismes que me recuerda un poco al humor intransigente de Andy Kaufman; su cruel y divertida forma de aterrizar a las estrellas de la farándula nacional al asfalto de los mortales es capaz de extirparme carcajadas.

No niego la valentía de Sola (tampoco se merece un homenaje), aunque pudo haberse sincerado lustros antes, en la jeta de Juan José Origel, por ejemplo, y no horas después de la diseminación del escándalo de los Panama Papers. Si tienen derecho al mérito del desclosetamiento geriátrico, yo tengo derecho a mis chaquetas de conspiración.

Decir que no eres hetero es un acto de naturaleza disruptiva. Abandonar el clóset no es sencillo y ni Pedro Sola ni nadie pueden asegurarnos salir airosos. A veces hay que revelar nuestra homosexualidad entre madres que confortan al hijo diferente pero son incapaces de contradecir al esposo, padres homofóbicos y hermanos culeros y primos manchados y vecinos agresivos. Sin esperanzas de aplausos o notas de revistas con encabezados entre signos de admiración. No veo cómo esto pueda ser compatible con la hazaña de Sola, quien ventila se reconoce gay amansado, entre glamur de media tarde y la lástima de los reflectores.

La realidad no es un episodio de Ventaneando. O quizás sí, al interior de nuestro gueto cubierto de cristales a los que pegamos las narices para echar un vistazo al homofóbico exterior.


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