El nuevo orden

Dinosaur Jr. y el plantón de Mario

El sábado pasado pude ver a Dinosaur Jr. dentro del Corona Capital, la majestuosa y ruidosa banda que marcó mi adolescencia. Cuando su líder, genio, compositor y vocalista, J Mascis, soltó los primeros rasgueos de “Thumb”, no pude contener las lágrimas de la emoción, al fin escuchaba el track 9 del álbum Green Mind que repetía una y otra vez en esa casa verde helecho cerca del bosque Venustiano Carranza en la que me encerraba con un profe de música que me dejaba poner lo que yo quisiera a cambio de casi nada, y ahí fui haciéndome de esa mala costumbre de imponer mi música a donde yo llegara. Las ventanas, además de estar tapiadas con mantas, sobre ellas había unas cortinas grises como de plomo: “Si se enteran que somos puñales más vale que vayamos haciendo maletas porque en provincia no se puede hacer esto… ¿Y como para qué?”, me decía el profe.

El mismo sábado que Dinosaur Jr dio cátedra de riffs y hardcore estilizado hasta la melancolía, Mario Rodríguez Platas, activista regio y buen camarada, cumplía 12 días de su plantón habitado desde una escueta carpa blanca levantada en plena explanada de la Macroplaza con estratégica dirección a la vista de los ventanales del Congreso local de Nuevo León, apenas si tiene el mobiliario indispensable para sobrevivir, incluyendo una mesa donde quienes así lo deseen, pueden firmar la petición por la que Mario está peleando: que los diputados locales tan sólo discutan dos proyectos de leyes: contra la discriminación y a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Hasta el momento y según datos del propio Mario, van mil firmas por cada causa, es decir, dos mil si las sumamos. Una estadística primitiva parece indicar que 80% de las firmas proceden de la misma comunidad lésbico-gay-trans, y un 20% de simpatizantes bugas. Además, Mario ha empezado la minuciosa tarea de censar la sensibilidad de los diputados al tema: de los 42 diputados en total, 4 del PAN están a favor de la ley contra la discriminación aunque consideran que a las uniones entre personas del mismo sexo no se les denomine matrimonio; 4 del PRI se manifiestan a favor de las dos causas, lo mismo que 3 del Partido Nueva Alianza, 2 del PRD y 1 del PT.

La labor de Mario sin lugar a dudas es plausible, no sólo por la hazaña a nivel político. Su plantón pone a prueba la valentía de la misma población LGBTTTI de Monterrey y quizás de todo Nuevo León. Tengo algunos amigos que aun y cuando planchan sus mejores camisas para salir bien librados del tijereo y el ligue gay del Japi un sábado por la noche, no se atreven a ser vistos firmando la petición de Mario porque les da algo de quisquillosa vergüenza. Incluso un buen camarada al que estimo pero que no logro comprender del todo, me ha dicho que: “Tú quieres vivir en un mundo utópico y liberal que no va aquí en Monterrey, acá son más tranquilos, amigo”. No entendí si la tranquilidad tenía que ver con hacer del clóset un amigo. Como sea, me recordó a aquel profe de música que prefería esconderse que exponer su verdadera identidad en la tranquila pero conservadora ciudad. Eso sí, nunca me pidió bajar el volumen a Dinosaur Jr.

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