El nuevo orden

Confort y música para no volar

Descubrí a Hotmale toda vez que fue parte del "line up" del Raymond, interesante festival que sucedió en un relativamente pequeño foro de la Ciudad de México.

Soy un depravado que a casi todo el encuentro matices sicalípticos. No obstante sedando mis obsesiones lascivas, ecualizando el oído hasta dejarlo en modo objetivo (si tal cosa es posible) puedo asegurar que hay mucha sístole homosexual en los beats de DJ Hotmale que la música de cualquier productor de circuit: tracks o sesiones que suelen arrancar con atmósferas etéreas tipo ambient que mutan en secuencias bailables, la trama dancefloor en apariencia predecible es interrumpida sin cortesía mediante latigazos de experimentación computarizada; después, todo es una avalancha de embestidas metálicas que poniendo pervertida atención, sincronizan con el sudoroso e impetuoso vaivén de la pornografía gay. El mismo nombre encierra cierto guiño homoerótico.

Resulta que Hotmale es buga, su verdadero nombre es Lalo y tiene novia.

Descubrí a Hotmale toda vez que fue parte del line up del Raymond, interesante festival que sucedió semanas atrás en un relativamente pequeño foro de la Ciudad de México, a la mitad de lo íntimo y lo ecléctico, cuya propuesta es presentar artistas, bandas o DJ con carreras incipientes o de plano subterráneas, desde luego, situando al under hoy día como una condición con acceso a plataformas digitales como el soundcloud o el bandcamp, lo cual puede suscitar ciertos y legítimos debates respecto al verdadero significado de lo subterráneo.

El recuerdo de regocijarme en un safari sonoro prácticamente desconocido, asombrando los oídos con todos eso nuevos ritmos expuestos durante el Raymond fue una de las razones por las cuales me negué a colaborar con un compañero, fan confeso de esta columna, quien me pidió le ayudara a redactar textos para flyers de una serie de fiestas electrónicas que piensa organizar. Su amabilidad minada de buscapiés eróticos estuvo a punto de convencerme, hasta que me envió los archivos con las sesiones que pensaba programar en sus fiestas: circuit y más circuit con remixes poco ambiciosos de canciones de Danna Paola y Paty Cantú.

La obsesión de muchos homosexuales por esa música tan monótona como el soundtrack de 13 clases de aeróbics seguidas y sin descanso es algo que me rebasa, simplemente no logro encontrar dónde radica su encanto.

Por otro lado, me revela lo sintomático de buena parte de la actual cultura gay y su tendencia al confort de lo prefabricado, como si en todo este tiempo de “lucha” en el fondo sólo estuvieran esperando su turno para disfrutar de las propuestas previamente masticadas, suprimiendo en el trayecto cualquier impulso de inconformidad, de exploración.

James St James lo dice mucho mejor en la carta que escribió a Michael Alig días antes que este último abandonara la cárcel tras 17 años de prisión por homicidio, donde desmenuza las personalidades de los gays en la era del matrimonio igualitario: “Es extraño. La generación que tiene el mayor acceso al conocimiento más grande de la historia de la humanidad, es la que se preocupa lo más mínimo al respecto…”.

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