El nuevo orden

Cobardes

¿Tenemos que correr y pedir ayuda porque, pues, somos gays y no fomentamos la violencia?

¿Por qué Wenceslao? ¡Por qué! ¿Por qué insistes en tomarte a broma lo tremendamente homofóbico de la palabra puto? ¿Por qué negar que esa palabra ofende? Nos ofende. TE OFENDE. ¿No te das cuenta que cuando le gritan puto a alguien lo están tomando por cobarde? ¿Por qué habría que acostumbrarse a asociar la homosexualidad con cobardía?”.

Contesté. De acuerdo. Hay que callarle la boca a todos esos que nos creen cobardes.

¿Cuántas veces le has roto la nariz al desconocido que te ofendió gritándote puto?

“Eso es fomentar la violencia, Wenceslao. No podemos acabar la homofobia a trancazos, Eso es de salvajes. Yo estoy a favor de la paz”.

Sin embargo, la homofobia y los homofóbicos sí pretenden extinguirnos a punta de madrazos y lo que le sigue, y ni siquiera a puño cerrado y limpio. Por algo se ha estipulado el término “crímenes de odio por homofobia”. Pero mientras nos gritan puto, a secas, sin más arma que la valentía buga heredera de la fanfarronería abnegada de Pedro Infante, nosotros nos obsesionamos en ensayar un guión donde pareciera que ante la homofobia cotidiana, a huevo necesitamos de ayuda externa porque nosotros no fomentamos la violencia aunque tengamos toda la ventaja física de hacerle frente. 

Es una provocación arriesgada, lo sé. Sobre todo en este país donde la violencia ha carcomido los huesos de ciudadanos aparentemente comunes y corrientes, pero que tras unas gafas de pasta o un cinturón caro ocultan un picahielo si no es que hasta una semiautomática. Agarrarte a madrazos como en la secundaria ya no es tan confiable. Pero así como muchos gays fantasean con una biosfera sin violencia y atiborrados de pequeños ponys y hombres con torso a lo Hugh Jackman, yo hago lo propio donde los batos son leales con los trancazos limpios.

En ese paisaje utópico, si un bato desconocido nos grita puto: ¿sólo estamos en condiciones de gritarle que no nos ofenda y que no estamos a favor de la violencia? ¿Y si no entiende? ¿Y si insiste, e insiste y vuelve a insistir? Lo cierto es que muchos homofóbicos saben perfectamente que no vamos a defendernos y abusan de ese prejuicio para sobajarnos a su antojo. ¿Tenemos que correr y pedir ayuda porque, pues, somos gays y no fomentamos la violencia? La verdad es que no tengo respuesta. Una vez le partí la madre a un vecino de mi mejor amigo que no paraba de chingarme con imitaciones afeminadas cada que yo abría la boca. Pero hice exactamente lo mismo con un ex novio cuando lo vi sonriendo mientras con sus brazos rodeaba el cuello de un bato que no era yo. Así que mi opinión no cuenta. Y esa etapa de andar golpeando ex novios ha quedado en 2007, lo juro. Quizá estoy mal. Soy un salvaje, lo cual no es del todo malo en la cama o en la estufa.

“Solucionar la homofobia a madrazos es fomentar el machismo que genera la homofobia en este país”.

Es curioso porque algunos gays sólo quieren involucrase con hombres con actitudes de macho. Algunos gays a los afeminados los desdeñan, los sobajan, los ofenden. Y no sólo en la intimidad del Manhunt o el Recon.

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