El nuevo orden

Ciudad de amigos con derechos

Siguen lloriqueando por su cierre?", se burlaba uno de los post que comentaban la columna de Carlos Velázquez, a.k.a. @Charfornication, donde cuestionaba y reprobaba la clausura del sauna gay de Mariano Escobedo. No era el único. Incluso algunos homosexuales calificaron las manifestaciones de repudio como una exageración innecesaria, superficial y hasta burguesa. Otros aseguraban que el cierre de un centro de encuentros homosexuales no atenta contra las libertades gay, toda vez que hoy se puede tener diversión sin obstáculos gracias a las ventajas digitales que dan las redes sociales y apps como Grindr o Scruff.

En su libro La arquitectura de la ciudad, Aldo Rossi reflexiona sobre la manera en que las ciudades están condenadas a resucitar una y otra vez los fantasmas que le dieron origen, por mucho que la extensión del asfalto y el hormigón generen una percepción de pensamiento progresista y liberal. En el capítulo "La noche al margen: brevísima relación de la vida nocturna gay" del libro México se escribe con J, una historia de la cultura gay, Juan Carlos Bautista resume muy bien la sentencia de Rossi y el espíritu moral con el que los homosexuales tenemos que lidiar: "(Salvador) Novo era un moderno en una ciudad y en un país en que la modernidad y la tradición iban a llevar permanentemente relaciones conflictivas".

La cuestión es que la firma de Declaratoria de la Ciudad de México como Ciudad Amigable, cuya ceremonia se llevará a cabo el próximo 23 de noviembre, pareciera que desdibuja algunos comportamientos gay mientras que da prioridad a otros derechos. ¿Cómo y quiénes establecen esas prioridades? Para no dejar las decisiones en manos de los de arriba y presionar un poco, me invitaron a participar en un movimiento de protesta contra las políticas establecidas en la Declaratoria. No falta quien cuestione el poco acercamiento a los protocolos de investigación en los crímenes de odio por homofobia o la forma en que se llevaron a cabo las mesas de trabajo que dieron forma a la mentada Declaratoria. Como sea, mi autoexilio activista me impidió unirme.

No todo es negativo: la Declaratoria posee puntos valiosos en cuanto a derechos de la comunidad LGBTTTI, sobre todo en aquellas políticas combativas de la discriminación y homofobia.

¿Pero el derecho al espacio público como una forma de ejecutar la sexualidad? ¿La clausura de espacios como el sauna de Mariano Escobedo es un acto de discriminación urbana hacia los homosexuales?

Sin ánimos de joder, sólo como un mero ejercicio de perspectiva: en las Ciudades Amigables de otras partes del mundo conviven por igual tiendas donde hasta el papel de baño lleva la firma de un diseñador de Milán, y saunas que abren las 24 horas; cafeterías ultradiseñadas cuyos capuchinos cuestan más de siete dólares, y sórdidos clubes de sexo con más slings y glory holes que sillones; antros adoradores de las canciones de Demi Lovato en versión circuit, y foros donde los travestis y transgénero bailan las rolas más burlonas del estilo de vida gay interpretadas por Jello Biafra y Steve Alibini o PWR BTTM y Magnetic Fields (el DF pretende ser una ciudad amigable pero en ella se alberga una fracción activista que insiste en censurar la rola "Puto", de Molotov, por "homofóbica"); cenas de matrimonios y bares orgiásticos en cuya barra exhiben botellas de vodka de sabores, así como inciensos líquidos... y para todos existe una regulación legislativa. Bueno, quizá para los poppers no, pero está comprobado científicamente que un jalón de poppers es inofensivo para la sociedad. Un popperazo no convierte al usuario en un potencial violador de abuelitas.

El próximo fin de semana se llevarán a cabo varias actividades previo a la firma de la Declaratoria de la Ciudad de México, como un concierto gratuito en el Monumento a la Revolución con "artistas de talla nacional" y la ceremonia colectiva en las que 50 parejas del mismo sexo firmarán el acta de matrimonio.

Y el DF signará la Declaratoria de Ciudad Amigable el próximo fin de semana, al mismo tiempo que clausura un sauna que no maquilla de hipocresía las calenturas de sus parroquianos... y ya ni hablemos de los fantasmas conservadores capitalinos que determinan qué derechos son una prioridad y cuáles un capricho casi hormonal.


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