El nuevo orden

La Casita, ese "prostíbulo" gay… perturbador

No entiendo qué es exactamente lo que pretende la diputada panista Blanca Lilia. Tan sólo me entrometo para puntualizar que La Casita no es un prostíbulo, estimada diputada.

Primero, el video proyecta una imagen congelada con una leyenda que dice: “24 de marzo de 2014 LXXIII Legislatura, H. Congreso del Estado de Nuevo León”. Luego aparece la diputada Blanca Lilia Sandoval del Partido Acción Nacional, según reza unas letras blancas en la parte inferior del rectángulo. Toma la palabra. Dice que en esa ocasión hace uso de la tribuna no para presentar un punto de acuerdo ni un exhorto, “sino simplemente un posicionamiento”. Empieza a hablar de programas de salud pública, VIH, ONG, Capacits (Centros Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual). Poco a poco su voz cae a la ultratumba, tenebrosa, habla de propaganda perversa, de pornografía y prostíbulos. De… pruebas.

No entiendo muy bien el planteamiento de su denuncia.

En algún momento la diputada por el Partido Acción Nacional da a entender que al interior del Capasit al que ella se refiere se intercambian relaciones sexuales por medicamentos. Supongo tiene pruebas para sustentar tal acusación. La perorata de Blanca Lilia remata en la Acción Colectiva para los Derechos de las Minorías Sexuales AC (Acodemis) y La Casita de la calle Washington, allá en el Barrio Antiguo, según ella un prostíbulo donde cobran 100 pesos, te dan dos condones y un lubricante a base de agua “para cuidar el ano” (sic) y apagan la luz…

Alguna vez fui a ese prostíbulo de La Casita de Monterrey, hace mucho, por 2005, si no me equivoco. Después de una fiesta de intercambio de regalos en la colonia Cumbres, eran épocas navideñas. Uno de los invitados sugirió que me llevaran a La Casita para que comprobara con mis propios ojos que Monterrey no era un rancho timorato y espantado. Que había diversión gay tan avanzada como en el DF o San Francisco. No pudo haber sucedido mejor sugerencia esa noche. Me la pasé fenomenal entre puro bato arrojado que cantaba el placer homosexual con ese delicioso e inconfundible acento norteño, de resonancia enérgica y precisa.

No entiendo qué es exactamente lo que pretende la diputada panista Blanca Lilia. Tan sólo me entrometo para puntualizar que La Casita no es un prostíbulo, estimada diputada. Es un club de sexo para hombres homosexuales donde nadie gana de más. Todos pagan lo mismo y van a lo mismo. En la Ciudad de México hay una Casita y pueden encontrar una reseña de ella en TimeOutMéxico, la guía de entretenimiento urbano que también reseña las actividades de ciudades como Chicago, Buenos Aires, Berlín, Londres (de donde es la franquicia original) y muchas capitales más. Por cierto, La Casita del DF también cuenta con un Centro Cultural de la Diversidad. La reseña la escribí yo por si los consumía el morbo. Los clubes de sexo para homosexuales son centros donde en común acuerdo los gays disfrutan de su sexualidad sin hipocresías. Supongo algo de eso debe perturbar tremendamente a la diputada panista.

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