El nuevo orden

Busco algo barato

Qué pasaría si invirtiéramos la pregunta, ¿en qué gastan los bugas? Probablemente la respuesta sería tan monótona como la lista de nombres y apellidos en un directorio.

Prólogo: Todo empezó con el inesperado y genial regreso de Martín Hernández, Rulo y Sopitas a la Frecuencia Modulada de la Ciudad de México. A partir del lunes 6 de agosto, este trío conduce Así las cosas, nuevo noticiario matutino en lo que hoy es la W Radio y es inevitable que la nostalgia no me invada de una forma homosexualmente cursi. Recuerdo a Hernández como la voz principal de lo que en aquel entonces era WFM Magia Digital mientras cursaba la secu en el DF, en su programación había un segmento dedicado al rock ibérico, Rock Olé, descubrí a Derribos Arias y La Unión, y que desde entonces se volvieron en bandas consentidas; ni qué decir de Rulo en la segunda mitad de los 90, sus frescos relajos en El mañanero y sencillos como “Whoever you are” de Geggy Tah me alegraban las mañanas, sobre todo de los lunes, cuando llegaba a mi primer trabajo como obrero digital de la Kodak pulverizado de haber bailado hasta el amanecer en algún rave para después irme con cualquier bato con chamarra Adidas y del cual juraba eran el amor de mi vida; y al Sopitas recorriendo la ciudad en la Patrulla Radioactiva.

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El martes pasado, después de Así las cosas, supe que en el horario de Martha Debayle hablarían del pinkmoney: ¿en que gastan los gays? Lo primero que pensé fue: qué pasaría si invirtiéramos la pregunta al terreno hetero, ¿en qué gastan los bugas? Probablemente la respuesta sería tan monótona como la lista de nombres y apellidos en un directorio telefónico. No dejo de pensar que alrededor de preguntas como la anterior existe un morbo disfrazado de tolerancia progre.

El tema de conversación con su buena dosis de diversión firmada sobre un voucher, giró en torno a un estudio realizado por la agencia mexicana Planning Antropológico, en donde supuestamente analizaron los movimientos financieros de los gays mexicanos de acuerdo a una división de estereotipos que parece inspirada en la lógica de los primeros números de la revista Eres. Según Planning Antropológico hay gays extrovertidos con un “look atrevido, exótico y afeminado que responde a una fuerte necesidad de llamar la atención (no se visten de mujer) y que se presentan en todos los niveles socioeconómicos”, gays machos de “look agresivo, masculino de forma exagerada, buscan diferenciarse del estereotipo clásico del gay y que predominan en niveles socioeconómicos bajo y medio bajo”, o gays hedonistas con: “un look moderno, atrevido, estético y pulcro (de los pies a la cabeza): les gusta sentirse admirados y halagados. Y se presentan en niveles socioeconómicos medio, medio alto y alto: cuentan con educación superior”.

Muchos gays se quedan afónicos exigiendo que no haya distinción de derechos entre gays y heteros pero sienten que una pregunta como la que se abordó en el radio show de Debayle, que parte de una clara separación entre gay y heteros, es necesaria pues plantea que los gays requerimos de necesidades especiales o específicas, ¿como las rampas para sillas de ruedas?, ¿o es que las respuestas servirán para diseñar ofertas de poppers y tachas y dvd porno piratas y pastillas que aumenten la potencia de la orina para los adeptos a los watersports? En eso también gastan los gays, a los que les alcanza, claro… de eso se trataba, ¿no?

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