El nuevo orden

Besos "gizzie"

(Gizzie, en slang del hip-hop, forma

despectiva para referirse a homosexuales)

San Francisco es la capital de la cultura lésbica-gay por su institucionalización sin reparos morales que no regatea conductas a cambio de vistos buenos bugas. Pero con todo y a pesar de tener al gobierno y su urbanismo del lado del arcoiris, los gays prefieren concentrarse cómodamente en dos barrios, las no más de cinco cuadras de Castro Street y el bloque de bares leather de Folsom, donde acuden los gays de emociones fuertes, pero apenas cruzas el paso elevado de la Highway 101 y ya no ves tantos colegas homosexuales.

Justo en la intersección de la 101 y Mission Street se halla el Brick & Mortar Concert Hall, pequeño foro al que sabía teníamos que entrar el Alex y yo tan sólo de ver los flyers de sus vidrios: noches de folk, rock fuzz, funk, hip-hop. No nos equivocamos. Sin saberlo, nos tocó un sábado con el rappero Black Milk que presentaba su nuevo álbum, No poison. No paradise. BM resultó ser un carismático y elegante MC acompañado de potentes músicos en vivo que se desdoblaban al soul, funk y un sudado jazz con virtuosismo callejero, inolvidable. El Alex y yo hemos desarrollado una sabrosa fascinación por besarnos en toquines bugas, y ese sábado rapero no fue la excepción. Pero a muchos parroquianos nos les hizo mucha gracia que dos gizzies latinos se besaran en ese entorno machista, como lo es el hip-hop genéticamente. Eran las chicas sajonas quienes nos sacaban conversación. Mientras que una tipa afroamericana golpeó al Alex varias veces con una ira atorada, ahí, a tan sólo unos pasos y unas horas de donde se llevaría a cabo uno de los eventos homosexuales más atrevidos del mundo, la Folsom Street Fair.

Más de una docena de rappers de casi dos metros no nos intimidaron, permanecimos hasta que el Black Milk soltó el último aliento. No me iba a perder un concierto de uno de mis géneros consentidos e indispensables por la homofobia de unos cuantos. Y como luego me diría el Alex: “También es que no nos vieron tan debiluchos”.

Salvo los codazos al Alex, las cosas no pasaron a mayores y ha sido de los mejores hip-hop bust que he disfrutado en toda mi vida.

Sin embargo, no dejo pensar si esto de la homofobia es un círculo vicioso que quizás inconscientemente fomentamos desde nuestra zona de confort. Pienso que si tan sólo por una noche no hacemos caso de esa mercadotecnia que últimamente parece ser la que legitima un gay style, y sacrificamos el último hit dance de Paris Hilton por disfrutar de una noche de hip hop, surf, punk, ska… ( bueno, ska no) podríamos tender puentes de empatía con esos bugas a los que les exigimos inclusión, pero excluimos con soltura desde los guetos políticamente correctos, los Castro Street o las Zona Rosas. Es como si los derechos gays ganados se reciclaran en ladrillos para construir muros del gueto gay.

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