El nuevo orden

Bendita homofobia

Mucho me  temo que en el camino de la erradicación de la homofobia en México habrá que sublevarse contra los preceptos más básicos de esa religión...

El 21 de marzo del año en curso casi todos los medios nacionales propagaron la noticia: mediante el Diario Oficial de la Federación se informaba que el Gobierno de México decretaba el 17 de mayo como fecha oficial para conmemorar el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia.

Desde luego, es una acontecimiento importante en la historia de las políticas lésbico-gays de este país.

A pesar de la buena noticia, pocas veces había leído tantos párrafos atascados de homofobia como los que brotaron en cascada aquel 21 de marzo. Lejos de que la noticia generara una empática reflexión, la mayoría de los comentarios digitales escritos al inferior de las notas que daban cuenta del 17 de mayo eran auténticos perdigones rellenos de condena, reproche, fascismo, odio, asco:

“Dios creó al hombre y a la mujer / LOS HOMOSEXUALES NO EXISTEN, SOLO SON PERSONAS ENFERMAS QUE NO SABEN UTILIZAR LOS GENITALES COMO DIOS MANDA (sic) / México el nuevo Sodoma y Gomorra / Deberían exterminarlos” cosas que leí por ahí.

Eché la espalda atrás, medio aturdido y derrotado, obligado a enfrentar el hecho que en México la homofobia sigue palpitante a la vuelta a la esquina y que su cordón umbilical está conectado a las convicciones religiosas, específicamente a la fe católica, aquella que pretende divulgar mensajes de amor al prójimo mediante un constante reforzamiento del miedo para establecer un reclusorio moral: “El miedo es el padre de la crueldad y por lo tanto no es de extrañar que la crueldad y la religión vayan de la mano”, escribió Bertrand Rusell en su ensayo Por qué no soy cristiano. Si algo abundaba en aquellas opiniones homofóbicas debajo de las neutrales, casi frías noticias que mencionaban el Día Nacional de la Lucha contra la Homofobia, era una crueldad iracunda auspiciada por las nobles enseñanzas de la Iglesia Apostólica y Romana.

Luego me entero que hay activistas gays que luchan porque los hijos de los matrimonios homoparentales tengan derecho al bautizo católico. Yo respeto las creencias espirituales sin regateos pero ¿en verdad es necesaria la intervención de la Iglesia para validar la religión en la que depositamos las incertidumbres espirituales? ¿Cómo combatir la homofobia en un país dónde la laicidad es casi una leyenda urbana y los homosexuales se persignan cada que pasan frente a una iglesia católica?

Mucho me temo que en el camino de la erradicación de la homofobia en México habrá que sublevarse contra los preceptos más básicos de esa religión transmitida por nuestros padres y abuelos y padrinos, preceptos que nos ubican en la aberración por no ser reproductivos y abandonarnos al placer carnal y al onanismo viscoso. 

De momento el reto ya no está en las leyes sino en las convicciones católicas de los propios homosexuales, ¿qué tanto están dispuestos a aceptar que en su Iglesia se gestan los argumentos más sólidos de la homofobia que nos quiere ver exterminados?  

http://twitter.com/wencesbgay