El nuevo orden

Bendiciones

¿A dónde nos llevará toda esta esquizofrenia moral? ¿Realmente contribuirá a erradicar la homofobia?

La Iglesia católica sigue ocupando los primeros lugares en el inventario de los promotores del odio contra los homosexuales, según activistas e indignados. En ocasiones la sitúan como la corona de la homofobia.

Eso pareció no importarle a las dos madres de Natalia. El pasado 25 de mayo, en el municipio de Monclova, Coahuila, a Natalia, con apenas unos meses de vida, le borraron el pecado capital, acreditándola como devota de la Iglesia católica mediante el sacramento del bautismo.

Un artículo de El País mencionaba a Natalia como “la primera niña mexicana bautizada siendo hija de un matrimonio de lesbianas”. El sacramento fue precedido por el vanguardista obispo Raúl Vera, adjetivo cortesía de Paula Chouza quién redactó la nota para El País. Como sucede con estas noticias, muchos celebraron el bautismo de Natalia. No fueron pocos los que aplaudieron el progresismo de Raúl Vera amparado en el laicismo de México, cuyas bondades han sido capaz de expandir sus derechos a homosexuales, lesbianas y todas las variantes trans, permitiendo el derecho de la libertad de culto, que es también la libertad de escoger por voluntad propia las reglas del sometimiento moral, al menos para mí.

¿El miedo a no pasar la eternidad ardiendo en el infierno por ser lo que somos es un derecho?

Respeto la búsqueda de la satisfacción espiritual. Pero las contradicciones que evaden la confrontación de nuestras propias certezas y, en cambio, adoptan la culpa como herramienta del reforzamiento de la fe, me provocan gastritis. Que no es el clóset, sino el santuario de la culpa de ser gay.¿Qué tiene de vanguardista un obispo y una pareja de lesbianas participando en el sacramento de una religión que básicamente te llena la cabeza de represiones y manipula tu tracción crítica imponiéndote una serie de mandamientos que cada quién cumple de acuerdo a su umbral de hipocresía y doble moral? Me recuerda el caso de dos padres homosexuales que acusaron de homofobia a un colegio católico de Chihuahua que se negaba a inscribir a su hijo, pues veían a la homosexualidad como un pecado. O la propuesta de un cabrón, parodia involuntaria, de organizar una peregrinación a la Basílica de Guadalupe o algo así para dar gracias al cielo por la constitucionalidad de los derechos gays ganados en México, una respuesta bien chispa a todos esos católicos que manifestaban su rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo. El círculo vicioso de la fe. Sin mencionar los grupos feministas que acusan a la Iglesia católica de perpetuar el machismo y sus mecanismos heteropatriarcales.

La supuesta apertura de la Iglesia católica con el colectivo lésbico gay no es más que un latigazo como los que sueltan en las procesiones de Semana Santa en Taxco, pero con un tufo new age.

La necedad de querer ser a huevo bendecidos por una Iglesia que históricamente nos detesta es una bala en la ruleta rusa de la inclusión.  

Apenas la semana pasada me preguntaba qué tanto los homosexuales contribuyen a la avanzada de los pensamientos conservadores que azotan el mundo y entonces el chingadazo: unas lesbianas bautizando a su morrilla y haciéndonos creer que la foto era buena señal del rumbo liberal de México hacia el futuro.

Aproximadamente un mes después, otra mujer también ocupaba un primer puesto en Monclova, Coahuila. La Asociación Red de Madres Lesbianas denunció la muerte de Jessica Patricia González Tovar, de 21 años, como la primera lesbiana asesinada de Monclova. Según la asociación, el móvil del atropellamiento y un balazo en el cuello, habría sido su preferencia sexual.

Un crimen de odio por homofobia. Para muchos, atizado por esa misma Iglesia con obispos vanguardistas que bautizó a la hija de una pareja de lesbianas.

La comunidad lésbico gay está construyendo un quejumbroso y chapucero juego en el que linchan cualquier sospecha de homofobia y aplauden cualquier limosna de aceptación que les cae en sus manos, sin importar que esta provenga de los mismos grupos que nos linchan. ¿A dónde nos llevará toda esta esquizofrenia moral? ¿Realmente contribuirá a erradicar la homofobia? O todo lo contrario: perpetuarla.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com