El nuevo orden

"Archivos desclosetados", activistas intolerantes

Con el mismo arrebato con el que un homofóbico nos denigra, estos activistas van del desacuerdo a la acusación por malversación del presupuesto destinado a la muestra.

Ahí está La Biblia Vaquera de Carlos Velázquez, abiertamente heterosexual, como parte de la muestra Archivosdesclosetados: espectros y poderes disidentes que actualmente se expone al interior del Museo Universitario del Chopo, inmersa en las actividades de la tradicionalísima Semana Cultural Gay, generando diálogos con esos que nos ven como una degeneración de la noble pero, sobre todo, sabia naturaleza reproductiva, según el promedio normal buga; entre la colección de la Anal Magazine y el Libro Chacal, entre los audios de Media Noche enBabilonia, extinto programa radiofónico dedicado a la comunidad LGBTTTI, el Tito solía programar canciones de Lou Reed; entre viejos carteles y flyers que invitan a la protesta lo mismo que al reventón, impresiones que son testigos del periplo de gays y lesbianas y vestidas rumbo a la visibilidad mediante el debate y el desmadre y la promiscuidad. Porque somos gays, con una conducta distinta a la contención o represión funcional de los bugas, aunque los auténticos derechos igualitarios como el matrimonio intente convencernos de lo contrario.

Mi sonrisa fue el resultado de una ilusión óptica y nada más.

Nina Hoechtl y Naomi Rincón-Gallardo, curadoras de la muestra Archivos desclosetados: espectros y poderesdisidentes, han sido en las últimas semanas blanco de una serie de linchamientos por parte de algunos homosexuales que no vieron con buenos ojos la exposición. Leí una crítica donde sentenciaba desde la subjetividad, que el nombre era de entrada “horroroso”. Si los gays nos desclosetamos hacemos uso de un derecho con tintes de heroico, pero si la palabra es empleada por foráneos del activismo gay nacional entonces el título resulta espeluznante. Desde el púlpito del joterío ilustrado, leo cómo Nina y Naomi son acusadas por esos mismos batos (que se jactan de ser simpatizantes del feminismo y repudian toda alegoría misógina)de ignaras de la lucha homosexual mexicana, de traidoras por una falta de ortografía, de omitir datos y nombres valiosos, desorientadas de la cronología: “La verdad científica es alcanzada cuando se elimina de nuestra representación de lo real toda huella de subjetividad” dice Roger Garaudy en el libro Estética y marxismo.

Con el mismo arrebato con el que un homofóbico nos denigra, estos activistas poseedores de la verdad histórica en rosa mexicano van del desacuerdo a la acusación por malversación del presupuesto destinado a la muestra, sin más argumento que la víscera y, a mi parecer, un berrinche travestido de indignación.

Las críticas a Hoechtl y Rincón-Gallardo lejos de mostrar un desacuerdo que incite al debate, dejan el tufo melodramático de un aparente protagonismo activista arrebatado. Me parecen injustas, arrogantes y lo más contradictorio, sobradamente intolerantes.

¿Desde cuándo las museografías deben seguir ciertas reglas para no herir las sensibilidades encriptadas que sólo el gueto entiende?

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