Noches de Ópera

"El Trovador": un "déjà vu"

Un déjà vu: sí, esto ya lo vi. Hace un año exactamente, Il Trovatore, de Verdi, se puso en Bellas Artes, con la misma puesta en escena, parcial­mente el mismo reparto. ¿Qué sentido tenía repetirla con tanta proximidad, en un medio tan necesitado de nuevo repertorio? No encuentro sino dos razones: la pobreza de recursos de Bellas Artes para hacer una producción nueva, y la vanidad. Si se trataba de lo primero, ¿por qué no repetir alguna producción algo más distante en el tiempo y no tan cercana? Si de lo segundo -y no quisiera creer en ella-, Ramón Vargas -el director musical de la Ópera de Bellas Artes- seleccionó esta ópera para sí mismo en uno de los papeles más exigentes del repertorio operístico, el de Manrico.

Pero en la función del domingo, Vargas solo cantó los dos primeros actos, víctima de una alergia, y ya no se le pudo escuchar en el tercero, que contiene sus dos arias más famosas y demandantes: "Ah, sì, ben mio" y "Di quella pira". Fue reemplazado por José Luis Ordóñez. Vargas mismo creó la expec­tativa por averiguar de qué manera un tenor lírico ligero como él abordaba un rol escrito para un tenor lírico spinto o lírico dramático. Pero eso se esfumó. El público tiene una sola oportunidad más para escucharlo, el 6 de julio.

En la función del martes 1, Ordóñez cantó el papel de Manrico. Es raro encontrar, en un país de tenores ligeros, a alguien con voz tan voluminosa como la suya, muy adecuada para el papel. Pese a que su voz no es brillante, afrontó el papel con temple y atrevimiento, con energía dramática, dentro del estilo verdiano, con línea y aun cierta elegancia, sin incurrir en las exageraciones y aun vulgaridades del canto verista. Cantó sus dos arias del tercer acto con empuje vocal y vigor expresivo, culminando el aria de la pira en un do agudo redondo. Joanna Paris, en el papel de Leonora, estuvo menos elegante que en su presentación del año pasado: siempre afinada y con gran volumen de voz, quitó, sin embargo, algo de ese carácter etéreo que tiene su gran aria del tercer acto, "D'amor sull'alli rosee", y con frecuencia, en sus notas agudas, su canto estuvo al borde del grito.

El rol de la gitana Azucena es el central en esta ópera y el de voz más grave que com­puso Verdi, junto con el de Ulrica, de Ballo in maschera. Belem Rodríguez, una de los mejores mezzos de México, lo interpretó con voz robusta y expresividad, pero fue de más a menos. Su presentación escénica y vocal fue brillante, con su aria "Condotta ell'era ai ceppi", pero en los dos últimos actos su afinación no fue suficientemente ortodoxa. El Conde de Luna debe mostrar en su canto su doble carácter, de político-militar y enamorado: ser autoritario y romántico, y el barítono rumano George Petean lo hizo muy bien, con gran voz, facilidad de emisión, equilibrio de registros, algo monolítico de acentos, pero muy mal dirigido teatralmente: solo se paseaba en escena esperando su turno de cantar.

El coro sigue cantando demasiado fuerte, moviéndose solo en dos dinámicas extremas: pianissimo y fortissimo. La orquesta, dirigida por Enrique Patrón de Rueda, tocó con corrección una partitura que tiene momentos de gran vitalidad y belleza. Al director escénico Mario Espinosa se le ocurrió representar un Trovador presuntamente futurista, con planetas a lo Holst en el fondo. La idea, dice, era mostrar que, en el fin de los tiempos -o comienzos de otra era-, el hombre seguirá aferrado a sus instintos destructivos y primitivismo: en suma, que el hombre no cambia. Lectura forzada hasta lo irreconocible. No desagradó ver planetas en la escenografía, pero no pasaban de ser un lindo ornamento, porque la enrevesada, inverosímil, malísima pieza del español García Gutiérrez no da lugar a la trascendencia que Espinosa quiere darle: solo es pretexto para que Verdi invente extraordinaria música de ópera sobre pasiones elementales. Lo de­más sobra. Por otra parte, cualquier ópera del repertorio sería susceptible de idéntica lectura, y eso no se vale: cada ópera posee sus características específicas.

Las siguientes funciones serán los días 3 y 6 de julio.