Interés Público

Una o varias universidades públicas

E-consulta preguntó a los candidatos a la gubernatura sobre la conveniencia de fundar una nueva universidad pública o bien fortalecer a la UAP. Las respuestas fueron distintas. En lo personal estoy a favor de una nueva universidad.

Hay varias razones. Hoy un joven que pueda pagar una colegiatura universitaria tiene en Puebla una oferta razonable de opciones a escoger. Esta diversidad dinamiza las universidades privadas: saben que si descuidan su calidad académica perderán estudiantes. Pasó con la Udlap hace unos diez años. Se deterioró su nivel académico y la matrícula bajó. Fue necesario un esfuerzo para revertir esa tendencia.

Al ser la única opción en el estado, la universidad pública sabe que nunca se quedará sin estudiantes. Ni sin presupuesto. No digo que esto la haga una mala universidad. Hay pruebas de lo contrario: áreas del conocimiento donde la UAP es la única opción no solo en el estado sino en una amplia región y que son de excelencia. Pero en otras áreas el tener asegurados estudiantes y presupuesto sí da lugar a cierta relajación.

Cambiaría si tuviera que competir por los alumnos con otra universidad pública. Aunque actualmente hay instituciones de educación superior en el estado que funcionan con presupuesto público, no son opción frente a la UAP. En los hechos es, para la mayoría de sus carreras, un monopolio.

Lo mismo aplica para los profesores. Si un académico opta por una universidad privada, tendrá de dónde escoger. Si su opción es por la educación pública, tiene una única opción. Competir para atraer a alumnos y profesores deseables podría dinamizar a las universidades públicas, si fueran más de una.

Otro argumento tiene que ver con el tamaño. Hay algo de megalomanía en nuestra cultura. Con orgullo se dice que la Ciudad de México es la más grande del mundo. Independientemente de que sea cierto o no, se da por hecho que eso es algo positivo. Sin considerar que el tamaño de la megalópolis implica un serio deterioro de la calidad de vida de sus habitantes. Contaminación, congestionamientos, largos trayectos para el traslado de las persona, altos costos ecológicos y económicos. Pero la calidad no cuenta para estas mentalidades, solo el tamaño.

Lo mismo pasa con nuestras universidades. Se habla de su gran número de estudiantes como si eso fuera un mérito. Si vemos las mejores universidades mejor calificadas a nivel mundial veremos que andan alrededor de los 20 mil estudiantes. De las cinco mejor evaluadas Harvard es la que más estudiantes tiene: 21 mil 708.

¿Qué es mejor, una universidad de cien mil alumnos o cinco de veinte mil? En nuestro medio parecería que sin duda lo primero. Pero no queda claro por qué. El argumento aquí expuesto de que la existencia de varias opciones es mejor para quien opta entre otras razones porque dinamiza a los oferentes que quieren atraer buenos estudiantes y buenos profesores me convence más que la simple cantidad maximalista.

Llama la atención que las mejores universidades del mundo se nieguen a crecer más allá de cierto número de estudiantes, y se nieguen también a abrir otros campus. ¿Por qué Harvard, con todo su prestigio, no multiplica su número de estudiantes? ¿Por qué no amplía su campus a otras ciudades? Seguramente porque iría en detrimento de su calidad.

Creo que la pregunta de e-consulta es acertada. Ciertamente el número y tamaño de nuestras universidades públicas no está entre los problemas más urgentes. Pero no hay que atender solo lo urgente. Hay cuestiones que no lo son, pero que son importantes. Vale la pena ir tratando de incorporarlas a la agenda pública.