Interés Público

Las séptimas elecciones

Las elecciones de diputados federales de este año serán las séptimas después de la reforma electoral de 1996. Considerarlas así, como las séptimas, implica reconocer que forman parte de un periodo iniciado con la elección de 1997. Lo caracteriza la ausencia de control del proceso electoral por una sola fuerza política y la consiguiente ausencia de una mayoría absoluta de un partido en la cámara de diputados. Pluralidad, poder compartido, competencia en las urnas: realidades que no se dieron antes en la historia del país.

Además de elegir 500 diputados federales, serán electos 9 gobernadores, mil nueve alcaldías y 639 diputados locales. Todo en la jornada del primer domingo de junio, el 7 (antes las elecciones eran en julio). La coincidencia se debe a la voluntad del legislador de hacer coincidir en el mismo día elecciones federales y locales.

¿Qué decir de este periodo que cumple 18 años y 6 legislaturas, una del siglo XX, cinco del XXI? Quizá para la mayoría de los ciudadanos las palabras para describirlo sean desilusión y desencanto. Las características positivas del periodo, como la ya mencionada pluralidad, la capacidad de compartir el poder, la realización de elecciones ininterrumpidas y razonablemente competidas, pesan poco o nada frente a los aspectos negativos: violencia, altos niveles de pobreza, limitado crecimiento económico.

Pero es importante resaltar lo positivo. En parte porque es la primera vez que la nación mexicana tiene entre sus características las de una democracia electoral. No hay que olvidar las largas décadas de autoritarismo y lo que le costó al país salir del mismo.

En parte también porque es el único o el mejor medio conocido para hacer realidad el interés público. Aunque éste se vaya realizando a ritmos notablemente lentos. Aunque tenga retrocesos. No hay otro medio conocido para los buenos fines que buscamos, que el sistema que ahora tenemos. Mismo que debe ser corregido y completado, pero sin abandonar los avances que se tuvieron a fines del siglo pasado.

La reforma electoral de 2014 es un intento de avanzar en el mejoramiento del sistema. Menciono solo dos de los cambios. Por un lado permite la reelección de diputados (federales y locales) y de integrantes de cabildo. Por otro hace intervenir a la autoridad nacional, el INE, en la organización de las elecciones locales.

La reelección (inmediata y en la misma cámara) era un cambio indispensable. Casi ningún país democrático la impide. Hay que reiterar que en el caso de legisladores y miembros de cabildos la no reelección no fue un lema maderista, sino una medida para centralizar el poder. Se estableció hasta 1933. No es un cambio que va a resolver todo, desde luego, pero sí nos dará, probablemente, legisladores más profesionales y más responsables, que rindan cuentas a sus electores.

La nueva norma de reelección inmediata no aplicará a los diputados federales electos este año. El transitorio décimo primero de esta reforma señala que se aplicará hasta los electos en 2018. Pero si no interpreto mal los transitorios décimo tercero y décimo cuarto de la misma, la reelección sí aplica para los diputados locales, presidentes municipales, regidores y síndicos que sean electos este 7 de junio. Una novedad importante para nuestro país, ajena al sistema de partido hegemónico, que para mantener su propia lógica autoritaria instauró la no reelección en esos cargos.

La intervención del INE en los procesos locales se da a través del nombramiento y posibilidad de remoción de los consejeros electorales responsables de organizar las elecciones de gobernadores, diputados locales y ayuntamientos. Diecisiete estados, más de la mitad, estrenarán esta modalidad este año. La idea es impedir que los poderes locales, principalmente los gobernadores, incidan en el proceso electoral.

Hay que recordar que para la desilusión y el desencanto hay requisitos claros: haber estado ilusionado, haber estado encantado. Entiendo aquí ilusión no como sinónimo de ideal, sino como aquello que hacen los ilusionistas: presentar las cosas como no son, ni pueden ser. Problemas siempre va a haber: vivir es tratar problemas. Pero los que enfrentamos hoy son de carácter distinto a los que enfrentamos en los ochentas y noventas del siglo pasado. Podemos decir que hoy tenemos ya las paredes y el techo de la democracia. Y que falta el mobiliario. Es mucho lo que falta por hacer. Pero no hay que olvidarse de lo ya hecho.