Interés Público

El perfil ético-político y el PRD

El tercero de los principales partidos políticos mexicanos cambió, como los otros dos, a su dirección nacional este año. El PRD designó presidente nacional casi por unanimidad a un militante muy reciente: Agustín Basave. Hubo que cambiar el reglamento, pues el nuevo presidente no cumplía con la antigüedad requerida en la normatividad anterior. El presidente previo, Carlos Navarrete, no terminó su periodo, renunció antes de concluirlo en lo que él calificó como un periodo "intenso y turbulento".

A diferencia del PRI, donde en la reciente sucesión todo parecía festejo y buenas nuevas para el partido, y de manera similar al PAN el PRD hizo este cambio en medio de fuertes autocríticas. Más que algo coyuntural pudiera tratarse de características permanentes de nuestros partidos: el PRI suele centrarse en la parte positiva de sí mismo y de sus políticos mientras que PAN y PRD se centran en sus deficiencias. Ambas actitudes tienen pros y contras. La priista corre el riesgo de dejar de lado la autocrítica. La panista y perredista de estancarse en la lamentación de las propias fallas.

Varias cuestiones dieron lugar a la renuncia de Navarrete. La más visible, el caso de Ayotzinapa, donde la policía de un gobierno municipal perredista se vio directamente involucrada en la desaparición de 43 estudiantes. Un caso similar fue el del alcalde de Cocula, también en el estado de Guerrero. Aunque no ha sido acusado directamente, el ex gobernador de este estado, Ángel Aguirre también perredista, tiene también responsabilidades, al menos por omisión, en los casos señalados.

Parte de la "crisis" perredista (la palabra está tan desgastada que ya se usa poco) tiene que ver también con la salida de dos dirigentes históricos. Primero del principal fundador, Cuauhtémoc Cárdenas, que dejó al partido en estos meses. Se trata de una renuncia de fuerte impacto moral. Cárdenas llevaba ya tiempo fuera de la política activa, pero mantenía su autoridad moral dentro de este partido y fuera del mismo.

Caso muy distinto es el de López Obrador, que dejó al PRD antes que Cuauhtémoc. Ahí el peso moral del renunciante, y los efectos para el perredismo en ese ámbito, son menos claros. El tabasqueño ciertamente es el precandidato a la presidencia más conocido el día de hoy, pero también el que más "negativos" tiene. Pero el impacto político y electoral es mucho más fuerte que el de Cárdenas. López Obrador se llevó consigo una buena parte del PRD, en dirigentes, militantes y sobre todo en votos.

Alguien recordará a un ideólogo de otro partido, que vaticinó que en el futuro partidario pesarían poco las ideologías y más el "perfil ético y político" de la organización, sus militantes y sus gobiernos. La tragedia de Ayotzinapa, brutalidad en la que poco intervienen las ideologías y mucho eso del perfil ético-político parece darle la razón. Para el PRD y para todos los demás.