Interés Público

¿De espalda a la sociedad?

Los perredistas poblanos dieron la nota esta semana: ocuparon las primeras planas de algunos medios de comunicación nacional. Se trató de un conflicto interno ante la decisión de aliarse o no con el PAN. ¿Cuál es la litis, la causa del conflicto, el núcleo del problema que llevó al PRD poblano a dañar su imagen ante la opinión pública? ¿Ideologías, proyectos, propuestas de gobierno?

Se ha criticado a las alianzas entre partidos porque se han quedado en alianzas para acceder al poder, no para ejercerlo. Como se decía antes: "quítate tú para ponerme yo". Sin mayor argumento hacia la sociedad, a la que supuestamente se deben los políticos, los partidos, los gobernantes.

Hace seis años el argumento fue la alternancia: la alianza de los no priistas tenía sentido para quitar al PRI del poder en donde siempre había estado ahí. Pero la alternancia no tiene sentido en sí misma: sólo cuando lo que llega es mejor que lo que se va. Y no queda claro en qué se mejoró en aquellos estados en los que hubo alternancia.

No lo dejaron claro al menos los perredistas que en Puebla proponían la alianza con el PAN. No presentaron sus argumentos de manera convincente y amplia, o simplemente no los presentaron. Es obvio que la alianza propuesta sumaría votos y aumentaría las probabilidades de una victoria electoral. Es decir, lo ya criticado: se trata de alianzas para acceder al poder, no para ejercerlo en beneficio de la sociedad.

Y la impresión que queda no es buena: políticos preocupados solo por ellos mismos, no por generar bienes públicos. Una dinámica que ha dado lugar al deterioro de la legitimad de los partidos en México, particularmente de los tres mayores: en 1997 entre PRI, PAN y PRD tenían más del 97% de los diputados federales; hoy apenas pasan del 73%. Y casi no hay elección en la que no pierdan votos y escaños.

El entusiasmo que han generado las candidaturas independientes tiene su explicación en estas actitudes de los partidos y sus gobiernos. Ciertamente hay algo de ilusión en esas candidaturas, y difícilmente pueden ser una solución a la política mexicana. Pero son valiosas como síntomas: la sociedad da la espalda a los partidos políticos que le han dado la espalda a la sociedad.

No estaría de más ver el caso de Venezuela, antes de que Hugo Chávez llegara al poder. Ese país tenía uno de los sistemas de partidos más maduros y consolidados de América Latina. Quizá esto los llevó a confiarse, a pensar que siempre estarían ahí, disputando y repartiendo el poder entre ellos, aunque le dieran la espalda a la sociedad. Sus errores le abrieron la puerta a un líder carismático. Ya estamos viendo las consecuencias y los altos costos que la sociedad venezolana está pagando. No hay necesidad de llegar hasta allá, de pasar por procesos políticos muy costosos para terminar empezando a construir un nuevo sistema de partidos. Ojalá hagan su aparición la sensatez y la responsabilidad políticas.