Interés Público

Escenario novedoso e incierto

Todo parece indicar que en 2018 tendremos una elección presidencial sin precedentes. Algunos han comentado que se parecerá a la del 2006: un candidato puntero, López Obrador; un candidato del PAN competitivo; y el PRI en el tercer sitio. Pero fuera del primer factor (el candidato de Morena como puntero en las encuestas) nada de lo demás parece coincidir.

El PAN irá, según parece, dividido y aliado al mismo tiempo. Divido entre la red cercana al ex presidente Calderón, articulada ahora en torno a su esposa Margarita Zavala por un lado. Por otro, quienes ahora están en torno al presidente nacional, Ricardo Anaya. Esta última se ha presentado recientemente formando un frente con el PRD y Movimiento Ciudadano. No habrá candidato del PAN como tal, como lo ha habido en las últimas décadas, sino un candidato ajeno a un sector importante del partido (el calderonismo).

El sector disidente del panismo, el que ha marcado distancia con Ricardo Anaya, también está dividido, aparentemente y por ahora. Unos apoyan a Margarita Zavala. Seguramente darán la lucha dentro del PAN. Y, de no ganarla, quizá buscarían lanzarla como independiente. Otros, se dice, están ya alineados con el actual secretario de Hacienda, José Antonio Meade.

No hay precedente de esto: Acción Nacional dividido en dos o tres partes, una aliada al PRD y a MC, otra quizá en una candidatura independiente, otra al priismo representado por Meade Kuribreña. ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con esto?

Todo depende de la agenda que presente cada candidatura y cómo sea recibida por el electorado. Una agenda centrada en el combate a la corrupción sería lo más viable. Pero para alguien que viene de un gobierno priista como el de Peña Nieto va a ser difícil convencer a los ciudadanos que ese combate realmente le interesa y puede llevarlo a cabo. Para el PAN institucional y para el PRD el tema es menos complicado, aunque tampoco es fácil. Si la candidatura de López Obrador se mantiene fuerte, es posible que la agenda se centre en él: en evitar que gane la elección.

El PRI, por su parte, está en uno de los peores momentos. No es que tenga un candidato debilitado por sus propios errores, como en 2006. Su mala imagen es institucional, y en los últimos tres años ha perdido notablemente el apoyo de los electores en comicios locales. La carta de Meade, centrada en su buena imagen como funcionario y su cercanía con el panismo, puede ser una opción ganadora, pero no se ve fácil.

En cuanto a los independientes, no se ha dado lo que Jorge G. Castañeda proponía para una opción viable: la unificación de los diversos candidatos en una sola opción; una agenda clara y definida; equipos de campaña conocidos y candidatos a otros cargos de elección popular.

Lo único que queda en común con el 2006 es la candidatura de López Obrador. Un candidato con un piso muy alto (es el primero en las encuestas) pero con un techo muy bajo (es uno de los que tiene mayor cantidad de rechazos).

En fin, al parecer tendremos una elección novedosa e incierta.