Interés Público

Puebla 2016

El proceso electoral de 2016 en Puebla tiene rasgos comunes con las elecciones de fines de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado: fuertes cuestionamientos al organismo electoral y acusaciones de acciones de compra o coacción del voto. Cambian el acusado y los acusadores. En aquellos años el acusado de controlar a la autoridad y de intentar comprar el voto ciudadano era invariablemente el PRI. Ahora este partido, junto con el PRD, es el acusador. El acusado es el PAN.

¿Nada cambió? ¿Todo es lo mismo? ¿Sólo se alternaron los papeles? No lo creo. Ciertamente hay muchas realidades lamentables y que deben cambiar para tener una democracia de calidad. Se ha dicho que el buen árbitro es el que no se ve. El que actúa tan bien que no atrae la atención de los observadores. Que hace que esa atención se centre en los competidores. No ha sido el caso poblano en 2016.

Una de ellas, insólita, sin precedente, fue el intento de dejar sin financiamiento público al Partido de la Revolución Democrática. Otra el intento de acudir a los domicilios de los ciudadanos que apoyaron a Ana Tere Aranda como candidata ciudadana para verificar si realmente lo hicieron.

Hay que aclarar que la validez jurídica de estas decisiones es compleja. La autoridad electoral no debe decidir de la misma manera en que generalmente decidimos los ciudadanos, por sentido común.

Pero dejando de lado la cuestión jurídica hay una cuestión política que no deja duda: la autoridad electoral en Puebla tomó una decisión en contra del PRD por un lado y de Ana Tere Aranda por otro, y la autoridad federal, en este caso el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación revertió esa decisión. La imagen que queda es un organismo local parcial, en contra de los adversarios del grupo en el poder en Puebla, el PAN, y a favor de ese grupo.

Pero a diferencia del siglo XX ahora hay una institucionalidad más compleja. La decisión de un instituto electoral local puede ser corregida por un tribunal federal. Una diferencia enorme respecto al pasado, donde todo el entramado de la organización electoral estaba en manos de un partido.

Otra novedad que muestra el proceso electoral poblano es el paso de militantes y dirigentes del PRI al PAN. Fueron muy raros, casi inexistentes, en el siglo XX. Hoy en Puebla son notables. El gobernador y el secretario de gobernación fueron priistas. Hijos de ex gobernadores emblemáticos del PRI, como Mariano Piña Olaya y Melquiades Morales, son hoy parte importante del PAN.

¿Qué implican estos cambios y continuidades? ¿Qué efectos tienen en la vida política del estado y del país? ¿Cuáles serán las tendencias al corto y mediano plazo?