Interés Público

Efectos contrarios posibles

Lo que sobresale son las “campañas negativas”. Pero algunas de ellas pueden llegar a tener un efecto contrario al buscado.

Hasta ahora, el proceso electoral presidencial se ha caracterizado por la guerra sucia. Ha habido algunas propuestas, un tanto vagas, y poco atendidas. Lo que sobresale son las "campañas negativas". Pero algunas de ellas pueden llegar a tener un efecto contrario al buscado.

Un caso es el de la acusación de que el gobierno ruso apoyará al candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador. La acusación llegó al absurdo de plantear que lo que pretendía ese país era llevarse el petróleo mexicano. Un sinsentido: Rusia tiene petróleo en grandes cantidades y el mexicano no le significaría nada. Esa acusación no parece haber dañado a López Obrador. Por el contrario, le permitió dar una muestra de sentido del humor (algo no muy frecuente en él) y autonombrase "Andrés Manuelovich". Lejos de mermar su imagen, la fortaleció, y perjudicó a la de sus críticos.

Caso contrario hubiera sido un planteamiento más sensato: que el gobierno de Rusia tiene un interés objetivo en tener alguna presencia en el área de influencia de Estados Unidos, así como el gobierno norteamericano tiene el interés objetivo de tener presencia en Ucrania. Y que ese interés pudiera traducirse en un intento de intervenir en la elección mexicana de 2018.

El caso de Ricardo Anaya es más complejo. Las acusaciones en su contra pueden, muy probablemente, dañar su imagen. Han sido varias, pero la más reciente sobre la compra venta de bienes inmuebles en Querétaro es compleja y sofisticada. Da nombres, apellidos, fechas, cantidades. Suficiente para hacerla verosímil, aunque sea falsa.

Sus efectos en la opinión pública están por verse. Lo importante estará en los indecisos. El "voto duro" por Anaya posiblemente no se vea tan afectado: considerarán que se trata de un ataque del gobierno federal, una actitud incongruente del mismo: no hay procurador general, ni fiscal electoral, ni fiscal anticorrupción, pero eso sí, el encargado del despacho de Procuraduría lanza acusaciones, en los medios, no en las instancias legales, contra un candidato adversario al del PRI. Para los simpatizantes de Anaya, o para el sector más fiel de los mismos, esas acusaciones sólo confirmarán el carácter faccioso con el que actúa el gobierno de Peña Nieto. La carta firmada recientemente por un numeroso grupo de intelectuales confirma que este efecto va más allá de los simpatizantes de Anaya.

Pero en los indecisos sí puede tener un efecto importante. Pocos ciudadanos tendrán la capacidad de analizar el caso de Anaya jurídicamente y tener una posición objetiva. En la mayoría de los casos todo se quedará en el nivel de opinión (ese es el nivel de la opinión pública). Y en algunos operará el principio aquél de "enloda, que algo queda".

Pero aún en ese caso no parece que las preferencias, reales o potenciales, que llegara a perder el candidato panista se fueran hacia el PRI. La imagen de este partido está muy cargada de corrupción. Difícilmente Meade, o cualquier otro candidato del PRI, puede hacer suya la lucha contra la corrupción.

Seguramente la apuesta es dejar fuera a Anaya en esta "primera vuelta electoral" que son las encuestas, hundirlo, de manera que el voto útil lo abandone y pase a Meade para que llegue solo a disputar la elección con López Obrador. Pero no parece probable que la estrategia vaya a funcionar. Por el contrario, ha perjudicado, la carta mencionada lo demuestra, al presidente de la República y a su partido.