Interés Público

Voto antisistema

En un sector de la opinión pública se vive un profundo descontento hacia los partidos políticos mexicanos. Algunos han propuesto manifestar ese descontento por medio del voto nulo. Un mecanismo que ha probado ser poco eficaz. Una opción más realista, se dice, sería el voto en contra, en contra del sistema de partidos actualmente existente. Tal como se dio en 1988 contra el sistema de partido hegemónico.

En lo personal no había considerado la posibilidad hasta que se la escuché a mi amigo Alejandro Guillén. Le pregunté qué partido podría unir a los votantes descontentos para expresar un voto “contra el sistema”, es decir, contra el sistema de partidos. Respondió que el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Creo que la idea debe considerarse. En cierto sentido Morena es un partido nuevo, en cierto sentido no lo es. Por primera vez se presentará con esas siglas, pero lo dirigen políticos bien conocidos que han estado en el escenario electoral desde hace años. Particularmente su líder, Andrés Manuel López Obrador.

En esta ambigüedad está la fuerza y la debilidad de la nueva organización. Si es visto como un partido nuevo, distinto a los que dominan el escenario partidario actual, podría unificar el voto antisistema. Los partidos actuales decepcionan porque son vistos más como promotores de los intereses de grupos y los individuos que los controlan, que como promotores del interés público. Los casos de corrupción conocidos, la ineficiencia en combate a la inseguridad, la prioridad de los amigos y los leales en las candidaturas por encima del compromiso y la capacidad políticas son causas del descontento.

Pero, ¿puede ser vista Morena como algo que está contra todo eso? Sí, por un sector de la sociedad, por el voto duro de López Obrador. Las encuestas muestran un 10 de preferencias por este partido. Si ahí se quedan, no creo que el voto morenista signifique un sacudimiento antisistema. En 1988 las candidaturas de Cárdenas y Clouthier sumadas se acercaron al 50%, algo que no tenía precedentes. Fue una expresión de descontento contra el sistema de entonces, el PRI hegemónico, que marcó el inicio del fin del mismo.

Un 10% por el partido de López Obrador sería visto como el mantenimiento de una importante presencia de este político y su movimiento. Importante para darle el registro con comodidad, pero no para sacudir el sistema.

Lo que tiene que ver también con la forma en que la nueva fuerza política será vista por los electores. Si se mantiene cercana al porcentaje mencionado, más que una novedad será la continuación del movimiento de opinión política que se manifestó con fuerza en las elecciones presidenciales del 2006 y 2012. Para crecer tendrá que ser visto como algo nuevo, y como algo distinto a los problemas que generan el malestar hacia los partidos actuales.

¿Es posible que esto ocurra, que Morena sea visto como una nueva opción capaz de presentar una alternativa a la corrupción y a la apropiación por grupos privados de las entidades de interés público que deberían ser los partidos políticos? Puede ser, pero no se ve fácil.

Empezando con la corrupción. Todavía está fresco en muchos el recuerdo de actos de corrupción de personajes muy cercanos a López Obrador cuando él era Jefe de Gobierno en la  Ciudad de México. Algunos dirigentes de Morena, como su presidente nacional, difícilmente podrán motivar un voto amplio opositor. No es fácil que esta organización vaya a ser vista como una alternativa contra el sistema y que dé lugar a un sacudimiento similar al de 1988. No es fácil, aunque es posible. Sería muy sano un aviso a los partidos de que si siguen alejándose de la sociedad para centrarse en sus propios intereses pueden ser desplazados.