Interés Público

Salud emocional y políticas públicas

Los cambios en la salud física o corporal lograron más que duplicar la esperanza de vida en menos de un siglo. Los progresos en la higiene, la medicina preventiva y la medicina en general han transformado la salud de forma inimaginable hace un siglo. El panorama de la salud emocional o psicológica es muy distinto: los avances son mínimos. El libro del congresista norteamericano Tim Ryan (A Mindful Nation) es una importante propuesta para transformar este panorama.
El adjetivo mindful o el sustantivo mindfulness no son fáciles de traducir. Ryan los relaciona como algo acerca de “calmarse y poner atención al momento presente”. Tienen que ver con atención y conciencia y ha sido incorporada a la psicología contemporánea por académicos, psicólogos y médicos como Jon Kabat-Zinn, David Richarson, Daniel Goleman y Paul Ekman, entre otros muchos. Ha sido adoptada primero por asociaciones de la “sociedad civil” (escuelas, hospitales, ONGs) y ya llegó, como el libro de Ryan lo muestra, a la agenda pública. Ya es en algunos casos una política pública.
Aunque tiene su origen en las tradiciones orientales (hinduismo, budismo, confucionismo, sintoísmo) y por tanto puede tener tintes religiosos, la recuperación de esta tradición es totalmente laica y científica. Las prácticas mostradas en el libro de Ryan, que abarcan experiencias en escuelas, hospitales y con veteranos del ejército han sido evaluadas y de la evaluación ha demostrado que funcionan. Que mejoran la capacidad de las personas para relacionarse y manejar sus propias emociones. Que producen cambios en el cerebro.
Hay un vínculo entre la propuesta de Ryan y las investigaciones sobre inteligencia emocional que desde fines del siglo XX se han venido difundiendo. Han dado lugar a lo que en inglés se llama SEL (social and emotional learning: aprendizaje social y emocional), un ámbito de la educación que incluso ha sido considerado como uno de los derechos humanos. Un aprendizaje más importante incluso que el de las matemáticas y el de la gramática, a juicio de investigador de Harvard Jonathan Cohen, pues una persona con buena inteligencia emocional estará mucho mejor capacitada para aprender esas materias, hasta hoy el centro de la educación en la mayoría del mundo occidental.
En parte el fundamento de estas nuevas prácticas está en los recientes descubrimientos de la neurofisiología: lejos de lo que se creía hasta hace unos pocos años, el cerebro humano puede cambiar (mejorar) a cualquier edad. Buenas prácticas pueden mejorar nuestras conexiones cerebrales (el software puede cambiar al hardware).
El subtítulo del libro hace explícito el contenido: cómo una simple práctica puede ayudarnos a reducir el estrés, mejorar el desempeño y recuperar el espíritu americano. Las prácticas de meditación se han desarrollo exitosamente en clínicas y en terapias contra el estrés. Han contribuido, cuando son practicadas correctamente, a mejorar el desempeño de las personas prácticamente en cualquier actividad (aprendizaje desde la educación preescolar, cuidado y atención a los enfermos, recuperación de enfermedades, desempeño profesional).
Que yo sepa, no ha habido intentos por poner en la agenda pública o en la de la sociedad este tema en México. Encontrará resistencias. Algunos verán como un lujo preocuparse por eso en un país donde millones padecen hambre. Pero ni la salud ni la inteligencia son lujos: son el principio más básico para salir adelante en la vida. La salud y la inteligencia a secas, pero también, y de forma prioritaria, la salud y la inteligencia emocionales.
Como referencia puede consultar Tim Ryan, A Mindful Nation. how a Simple Practice Can Help Us Reduce Stress, Improve Performance, and Recapture the American Spirit, Hay House, Inc., March 2012.