Interés Público

Responsabilidad

Se comprende y se comparte la parte del breve comunicado oficial del PRI sobre la detención de Humberto Moreira en Madrid en la que no se le condena ni se le exonera: "No hay que anticipar ni defensas ni juicios condenatorios", dice la nota. Se comprende, aunque es más difícil de compartir, otra frase: "Las instituciones no son responsables de los actos de los individuos que la integran".

Esta segunda expresión es sensata por dos razones. Primero porque deslinda al partido de los presuntos actos delictivos de uno de sus integrantes, y no de cualquiera, sino de quien alcanzó el más alto cargo dentro de la organización partidista. Segundo, porque parcialmente es cierta. Pero hay que subrayar parcialmente: los partidos políticos son entidades de interés público; una de sus funciones primordiales es formar los cuadros políticos que requiere la sociedad; el ciudadano espera, con razón, que esos cuadros políticos formados por los partidos cumplan de alguna manera con las expectativas de la sociedad.

En otras palabras, los partidos sí tienen alguna responsabilidad en los actos, actitudes, capacidades, responsabilidades, de los individuos que los integran. No responsabilidad jurídica, ciertamente, pero sí política y moral. O dejémoslo en responsabilidad política. Lo contrario es que los ciudadanos, que mantenemos a los partidos vía impuestos, debemos esperar cualquier cosa de quienes los dirigen o de quienes nos son presentados como candidatos por ellos.

Y aquí la cuestión es que el PRI no está solo. PAN y PRD tienen también exgobernadores que han sido fuertemente cuestionados por la prensa. Y no con opiniones aisladas, sino con datos duros. Priistas, panistas y perredistas han tenido gobernadores acusados de corrupción en grados extremos.

Creo que sí. El PRI pudo haber respondido de otra manera. Decir algo sobre su compromiso con la sociedad en el combate a la corrupción. Decir que, sin condenar a nadie, en ese partido no se permiten actos fuera de la ley. La respuesta, breve, clara y prudente, dice también por lo que calla: el combate a los malos gobernantes surgidos del propio PRI no parece estar en la agenda de ese partido. Lo que hagan los gobernadores, diputados, senadores o presidentes de la República priistas, no es responsabilidad del PRI. Ni para mal, ¿ni para bien?

Quizá haya que matizar estos juicios ante una nota breve y urgente. Pero habrá que seguir la actitud del PRI y de otros partidos hacia el tema. El de Moreira, en el caso de que resulte culpable. Pero también el de todos los gobernantes que cometan violaciones graves a la ley. Aquí puede estar el mejor argumento de los partidos hacia los candidatos independientes: que las organizaciones sí tienen responsabilidad ante las acciones de los individuos que las integran.