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Un gran escritor  es alguien que ha logrado tomarle el pulso a los problemas más relevantes de su sociedad o de su época.

De entre todos los eventos para festejar el centenario del nacimiento de Octavio Paz el más importante es la reedición de sus libros. Y de entre sus libros destaca También soy escritura. Octavio Paz cuenta de sí, editado por Julio Hubard y publicado por el Fondo de Cultura Económica. La importancia está en que de lo que se trata es de leer o releer a Paz, y en que el pequeño libro estructurado por Hubard es una excelente introducción a la obra del Nobel mexicano.

Un gran escritor no es solo alguien que “escribe bien” o que entretiene con sus obras. Es alguien que ha logrado tomarle el pulso a los problemas más relevantes de su sociedad o de su época. Es el caso de Paz. En poco más de cien páginas el libro comentado nos presenta textos, todos de carácter autobiográfico (¿se podrá escribir algo que no sean autobiográfico?), escritos por Paz y referidos a distintas épocas de su vida. En ellos el lector podrá apreciar qué temas, qué problemas, qué cuestiones fueron relevantes para el autor y cómo las trató. Cómo le tomó el pulso a los grandes problemas de su tiempo.

El libro está estructurado en seis partes, cada una referida a un periodo de la vida de Paz, desde 1914 hasta 1998. Una ausencia del mismo es que no se indica cuándo fueron escritas, ni en dónde fueron publicadas originalmente. Eso ayudaría a interpretar los textos, pues no es lo mismo escribir sobre la infancia cuando se tienen 60 años que escribir sobre tener 80 años cuando se cumple esa edad. La memoria es selectiva, y puede ser una gran traidora.

Mérito del libro es intercalar prosa y poesía. Paz era ante todo un poeta. Así se consideraba él. Pero lo conocemos por su prosa. Ambas son indisociables en su obra. Ciertamente hay algo de misterioso en que alguien movido por la vocación poética haya sido uno de los más influyentes y polémicos pensadores políticos de su tiempo. Ha sido, como lo recuerda en el libro, el único escritor mexicano que “ha visto quemar su efigie en una plaza pública”.

¿Por qué el poeta se empeñó en escribir sobre política, desde el principio hasta el fin de su vida productiva? En sus textos puede encontrarse la respuesta, aunque es más de una y nunca totalmente explícita. Que la poesía es libertad y que eso lleva a la política es válido pero no es quizá la razón más importante.

Me gusta más lo que plantea como la fidelidad o la lealtad primordial de todo poeta: el lenguaje. El lenguaje es diálogo. “Escribí y escribo porque concibo a la literatura como un diálogo con el mundo, con el lector y conmigo mismo –y el diálogo es lo contrario del ruido que nos niega y del silencio que nos ignora”.

No hay que ser escritor para tener esa necesidad de diálogo: con el mundo, con los demás, con nosotros mismos. Es algo propio de todo ser humano. Somos animales con lenguaje: con el lenguaje tenemos, debe tener, una de nuestras lealtades fundamentales. Somos lo que decimos y lo que callamos. Valemos lo que nuestro lenguaje vale.

Esta necesidad primordial de dialogar con el mundo, con los demás, consigo mismo llevó a Paz a escribir sobre política. A participar en ella desde su adolescencia hasta su muerte. A dejarnos claras reflexiones sobre el nacionalismo y el mercado, por ejemplo. A proponer que las próximas generaciones deben elaborar “una filosofía política que recoja la doble herencia del socialismo y del liberalismo”. ¿Es posible estar en desacuerdo?

Octavio Paz es un gran escritor. Hay que hacer con él lo que él hizo con el mundo, con los otros, consigo mismo: dialogar con pasión e inteligencia crítica. Un buen primer paso, la lectura del libro que nos ofrecen Julio Hubard y el FCE. Que entre otras virtudes tienen la de su módico precio.