Interés Público

Octavio Paz en su siglo

Christopher Domínguez Michael registra en su biografía sobre Paz un testimonio de Fernando Savater, sobre el México que él conoció hacia 1979: “era como un pueblo del Oeste al cual iban llegando los jóvenes pistoleros a probar su puntería contra Paz, el viejo tirador que invariablemente, los desarmaba y hería o algo peor”. El Nobel mexicano fue, ha sido, ante todo objeto de crítica y repudio. Fue mucho más criticado que leído. Animadversión de las últimas décadas del siglo pasado corre el riesgo de ser sustituida por el olvido. Con un resultado similar: no leer su obra.

El olvido lo justificarán algunos por una idea tan simplista como errónea del progreso: lo que hoy se publica es necesariamente mejor que lo que se publicó hace cuarenta años. Por lo menos en el ámbito de las ideas. Lo que justificaría dejar de leer todo lo anterior, para dedicarse solamente a las novedades. La idea no resiste la menor crítica, pero está bastante difundida. En el otro extremo está la frase de Sartori: la buena teoría es eterna, la mala teoría nace muerta. Suena exagerada, pero es más real, más objetiva, que la ilusión de progreso mencionada.

Por eso es bienvenida la biografía de Domínguez Michael. Libro amplio, detallado, interesante, bien documentado. Con un buen índice onomástico que permite leer el libro a partir de las personas que en él aparecen. Recupera tanto la vida privada y pública del autor de El laberinto de la soledad como su obra. En los dos últimos aspectos Octavio Paz fue sin duda una figura extraordinaria. Sus experiencias vitales, su ejercicio del don de la amistad, la amplitud de temas en los que se interesó y sobre los que escribió, llaman la atención. También su lugar en la esfera pública. Santos Juliá ha escrito que la figura del intelectual fue vigente en los dos siglos que van desde la revolución francesa hasta la destrucción del Muro de Berlín. Paz entra en la parte final del ciclo es sin duda el intelectual mexicano más importante.

La biografía recupera bien la gran sensibilidad de Paz hacia los cambios políticos y sociales de su tiempo. Poeta por vocación, siempre tuvo en el centro de sus preocupaciones los problemas políticos. Pasó de posiciones de izquierda en su juventud al liberalismo ya muy al final de su vida. En 1971, cuando regresa al país después de una ausencia de casi tres décadas, su primera participación política es en el intento de crear en México un partido de izquierda, junto con Luis Villoro, Carlos Fuentes, Heberto Castillo y Demetrio Vallejo. El intento no llega lejos, pero indica dónde estaban las preocupaciones de Paz en ese momento.

Se iría orientado hacia el liberalismo político en los 27 años que le quedaban de vida. No fue un cambio repentino, pues coincidía con sus críticas al marxismo desde los años treinta, debidas a Jorge Cuesta y al anarquista catalán José Bosch. Y con su alejamiento de la carrera diplomática después de los asesinatos en Tlatelolco en1968. Un cambio que al parecer debe mucho a escritores como Enrique Krauze y Gabriel Zaid, como señala Domínguez en varias ocasiones.

Como toda biografía que se respete, aparece también la vida privada. Seguramente lo referente a la vida amorosa de Paz será lo que más llame la atención. Su tormentosa relación con su primera esposa, Elena Garro, desde luego. Relación que ha sido utilizada para denostar al autor Piedra de sol. El libro de Domínguez Michael, como otros muchos testimonios, dejan muy mal parada a la escritora. También llamará la atención el triángulo amoroso entre Paz, el pintor oaxaqueño Francisco Toledo y Bona Tibertelli. O la relación entre Elena Garro y Bioy Casares.

El libro de Domínguez Michael es sin duda un buen medio para aproximarse a la obra de Paz, o para profundizar en ella. Muestra el carácter extraordinario de su vida y obra. Una obra actual que tiene mucho que decirnos, siempre y cuando haya los lectores capaces de ver esa actualidad.