Interés Público

Maquiavelo hoy

Para festejar los 500 de la redacción de El Príncipe de Maquiavelo la Universidad de Princenton publicó este año un libro de Maurizio Viroli. El título se podría traducir al español como Redimiendo a El Príncipe, y muestra que la discusión sobre el célebre libro está muy lejos de haber concluido.
De entrada Viroli menciona y rechaza las tres interpretaciones más aceptadas de El Príncipe. La primera viene de Rousseau, y presenta a esta obra de Maquiavelo como "el libro de los Republicanos", como la fundación del republicanismo. La segunda interpretación nos dice que el libro es un ejemplo de realismo político y que por tanto inaugura la Ciencia Política moderna. Para la tercera esta obra propone que la política y la ética están separadas, y que por tanto las acciones de los políticos no deben ser juzgadas éticamente.
Seguramente cualquier persona que tenga algún conocimiento de la obra de Maquiavelo le sorprenderá que se rechacen estas tres interpretaciones. Son asunto aceptado. Se consideran obvias, un lugar común: algo que cualquiera sabe. Negarlas, como lo hace el profesor de Princenton, tiene por lo menos el valor de obligarnos a reflexionar.
La crítica a la interpretación de Rousseau es, por decirlo así, parcial. Ciertamente en otro libro de Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, hay una propuesta republicana. Lo que justifica ver a Maquiavelo como uno de los teóricos del republicanismo. Pero el contenido de El Príncipe no tiene que ver con esa propuesta. No la contradice, pero tampoco la plantea explícita o tácitamente.
Viroli rechaza la segunda interpretación (que en El Príncipe el florentino dejaría de lado cualquier valor o principio ético para describir la política "tal cual es") porque considera que Maquiavelo es un realista sui generis. Plantea que ciertamente le interesa describir, interpretar y explicar la política, pero su interés es también imaginar y dar lugar a realidades muy distintas a las que él describe. No es pues un observador frío y objetivo, sin uno que trata de recuperar la realidad efectiva de las cosas para dar lugar a un cambio.
La tercera interpretación también es muy difundida, y también es considerada equivocada por Viroli: que El Príncipe plantea la autonomía de la política respecto a la moral. Es equivocada primero porque en ese libro no se plantea que los políticos actúen de forma distinta a las demás personas: sus reflexiones se aplican a todos los seres humanos, como literalmente se lee en el libro. Y porque para Maquiavelo las acciones de los políticos sí deben ser juzgadas a partir de la ética.
El auténtico significado y valor de El Príncipe (el tema de Redimiendo a El Príncipe, y el tema que debe reflexionarse a 500 años de su redacción) son para Viroli el diseño de y el llamado a un redentor de Italia capaz de crear un nuevo y mejor orden político. Esto, "la teoría, y el mito, del redentor" es que le da al pequeño libro de Maquiavelo, en opinión de Viroli, un valor que ha perdurado cinco siglos.
Se agradece un planteamiento polémico que no permite revisar nuestras ideas sobre una de las obras clásicas de la política. Pero no solo sobre la obra. También nos obliga a pensar sobre la realidad actual. En un momento donde las instituciones y las circunstancias parecen ser todo, y las acciones de los individuos nada, la mirada de Viroli sobre Maquiavelo puede hacernos ver nuestra realidad política de manera distinta, y hacernos la pregunta sobre las virtudes de los políticos individualmente considerados, y sobre las características y el valor de esas virtudes.