Interés Público

Luis González de Alba

Murió Luis González de Alba. Aunque su obra escrita es meritoria, y digna de ser leída y releída, el personaje que fue opaca al autor. Su homosexualidad, su iconoclastia y su suicidio ponen en segundo plano sus textos. Su aporte como figura pública es más visible que su aporte como escritor.

Para mi generación, quince años menor que la de González de Alba, fue el primer escritor que hizo pública su homosexualidad. La aceptó sin culpa aunque con cierta sorpresa: me doy cuenta que les gustó a algunas mujeres, sé que son hermosas, pero no me interesan, escribió o declaró alguna vez. La preferencia sexual, según esto, no es una opción. Es algo con lo que se nace y se crece.

Esta confesión en su momento fue un acto de valor, más o menos extraordinario. Y los que reconocíamos en él a un buen escritor y a un líder estudiantil honesto, preso por sus convicciones, nos dio la posibilidad de una mirada más amplia y más abierta. Nos facilitó también la posibilidad de aceptar al distinto. En lo generacional y en lo personal tengo que agradecer este aporte.

Recuerdo que alguna ocasión, cuando defendió una reforma en la UNAM que buscaba elevar el nivel académico, fue calificado por otro ex líder del 68 como "puto". Luis respondió: en nuestro país esa palabra tiene al menos dos significados, una referente a las preferencias sexuales, otra, a la baja calidad moral y a la ausencia de valor. La primera no la negó, declaró: soy homosexual y lo he reconocido. La segunda la rechazó. Y señaló que a quien sí le quedaba la calificación de falta de valor y de calidad moral era a su crítico, que cuando vio venir la represión al movimiento estudiantil huyó del país y se mantuvo en un cómodo exilio familiar por varios años.

Se atrevió a criticar a escritores intocables en nuestro medio. Desacralizó con ello a autores que casi conforman un santoral laico, como Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska.

Cerró su vida como vivió, con una decisión polémica. El suicidio es un buen ejemplo de cómo los seres humanos hemos visto y vemos un mismo hecho de maneras tan distintas. Para algunos, quitarse la vida es un acto vil y cobarde. Para otros, de valentía extraordinaria. La mayoría de las tradiciones religiosas lo condenan, a veces con una crueldad incomprensible.

En un país donde se lee poco y cada vez menos casi nadie se habrá enterado de la vida, obra y actitudes de Luis González de Alba. Es probable que algunos de los enterados lo odien. En lo personal creo que el mundo, o el mundillo en el que influyó como escritor y como personaje, es mejor de lo que sería si él no hubiera vivido.