Interés Público

José Revueltas

José Revueltas es uno de los tres grandes escritores mexicanos nacidos hace cien años. Es el menos reeditado y festejado de los tres (no hay ediciones conmemorativas de su obra, como en el caso de Paz y Efraín Huerta). Ediciones Era, que ha publicado la obra de Revueltas en las últimas décadas, no presenta nada sobre o de este autor en su página de novedades. Quizá no sea el menos leído.

¿Qué conversaciones puede animar la lectura de Revueltas? Al menos dos, una obvia y la otra indirecta. La primera es su descripción e indagación sobre el dolor humano. Sus cuentos y novelas dejan a lector impresionado por la sordidez de personajes y situaciones. Cárceles, prostíbulos, cuartos de hospital, quirófanos, maridos cornudos y homicidas, alcoholismo. Un viaje largo a los bajos fondos de la humanidad. Se ha dicho que hay ecos de Dostoievski en su obra. Y los hay en ese sentido: presenta y explora el sufrimiento humano, particularmente el que nos causamos los unos a los otros: el “dolor evitable”.

Muchas veces ese sufrimiento en la obra de Revueltas va acompañado de la pobreza. Muchos de sus personajes son pobres. Ya desde antes de que Cervantes lo escribiera se sabía muy bien que “la pobreza tiene muchos inconvenientes”. Pero no solo hay pobres. Asoman de repente protagonistas como aquel “Contador Público Titulado” atribulado por terrible pena, o el exitoso empresario que descubre la infidelidad de la mujer y perpetra una cruel y fría venganza.

¿Qué decir frente a los múltiples y terribles sufrimientos que llenan la obra de Revueltas? Él no dice nada. Los presenta, describe, explora. No pondera causas ni señala soluciones. Solo nos dice lo que ha “visto”.

De él escribió Octavio Paz que era “uno de los mejores escritores de su generación y uno de los hombres más puros de México”. La congruencia ética y política de Revueltas ha llevado a que se diga de él que puede ser visto como un héroe, como un santo. Pero ¿qué tipo de santo escribe un libro como El Apando, con una violencia y un erotismo fuera de límites, o cuentos y novelas que algunos encuentran ilegibles por la sordidez humana que presentan?

El aspecto menos obvio que la lectura de Revueltas puede animar es la relación entre su obra y su militancia marxista. Es difícil encontrar en su narrativa huellas de un militante comunista. No hay en ellas prácticamente nada de correctismo político o de propaganda. Sus personajes no son los héroes del proletariado típicos del realismo socialista. Siguiendo a Foucault, Frank Loveland ha escrito que hay en Revueltas dos “regímenes de la verdad”: su ideología y su literatura.

No me queda claro por qué regímenes y por qué verdades, pero sí es claro que hay dos voces, dos narrativas, dos discursos distintos en Revueltas: el del militante y el del escritor. Y se contradicen. No parecen ser de la misma persona. El primero es pobre, dogmático, poco lúcido en su análisis de la realidad. El segundo es agudo y perspicaz. Se deja leer y nos dice cosas sobre algunos aspectos de la realidad humana.

¿Qué explica esta contradicción, este abismo, si es que es cierto? ¿Cómo pudo mantener Revueltas estas dos voces a lo largo de su vida? ¿Cómo logró que su visión ideológica y política no empobreciera su obra literaria, o que ésta no cambiara su opción política? ¿Qué nos dice su caso sobre los riesgos del correctismo político, del pensar ideológico (es un decir, porque mantenerse en ideologías cerradas no es pensar)?

Revueltas, el literato, se deja leer. Evodio Escalante escribió que su obra seguía siendo un enigma sin descifrar. Quizá sea el caso de toda obra literaria que valga la pena. Revueltas el ideólogo es una pieza de arqueología para especialistas.

Profesor investigador de la UDLAP