Interés Público

Identidad priista

En un artículo anterior comenté que prácticamente todas las ideas que constituyeron la ideología del PRI durante el sistema hegemónico habían sido ya desechas por ese partido, en un largo proceso que va desde la presidencia de Miguel de la Madrid (1982-1988) hasta las reformas constitucionales de Enrique Peña Nieto (2013). Si la ideología ya se fue, lo mismo podemos decir de las prácticas que fueron la esencia de ese partido.

En primer lugar la subordinación al presidente. Si bien hoy día la figura presidencial sigue siendo respetada y obedecida por el priismo, no puede decirse que lo sea en el mismo grado y en el mismo sentido que en el siglo pasado. En ese entonces el presidente tenía la capacidad de promover o de suspender la carrera política de los integrantes del partido. Hoy tiene un margen mucho más limitado. Hoy los miembros del PRI pueden mostrar a su favor algo que no podían mostrar antes: su propia valía política, su peso e influencia. Sigue habiendo un margen de arbitrariedad, pero es menor que en el pasado, cuando políticos sin mérito propio llegaban a las legislaturas o a los gobiernos de los estados por el simple hecho de ser amigos del presidente de la República.

Este cambio tiene que ver con otro en el contexto político del país: se acabó la "fila" o "ventanilla única" y hoy es posible hacer carrera en otros partidos. Si un priista con fuerza propia es ninguneado por su partido, podrá buscar ser candidato de otros, o bien ser candidato independiente. La lista de ejemplos es amplia y bien conocida. Hoy pues los priistas pueden desobedecer a su partido y al presidente del país porque las consecuencias de la desobediencia son muy distintas a las del pasado, cuando implicaban prácticamente el fin de la carrera política.

Otra regla en desuso: "el que se mueve no sale en la foto". Hoy es posible que los priistas se muevan, muestren su fuerza propia, así sea discretamente, mediante resultados de encuestas, y la presenten como argumento a favor de sus carreras políticas.

Curiosamente, hay otra regla del siglo XX mexicano que sigue vigente, a pesar de todos los cambios señalados: "político no mete a la cárcel a otro político (a menos que haya razones políticas)". Es decir, puede tenerse la certeza que un político ha violado la ley, vía enriquecimiento ilícito por ejemplo, y no será encarcelado. A menos de que haya razones políticas para hacerlo: que se haya enfrentado a otro político de más peso, o que haya violado reglas no escritas en la convivencia política (Raúl Salinas fue encarcelado poco después de que su hermano Carlos siendo ex presidente hizo públicas críticas al gobierno). Pero parece ser una regla común a todos los partidos, a toda la clase política, y no solo al PRI.

Si la ideología y las prácticas políticas fundamentales del partido que gobernó al país por 71 años ya no existen, ¿qué queda de ese partido? Aunque en 2015 obtuvo la votación más baja de su historia (menos del 30%) sigue siendo el partido más importante. Pero ¿tiene una identidad propia y distinta de los demás partidos, en sus ideas y prácticas?

Parecería que no, o que al menos hay que ver con mucho detalle para poder distinguir al PRI de otros partidos. Y lo mismo habría que decir de todos los demás. Lo que en cierto sentido es un fenómeno mundial, o propio de los sistemas de partidos más o menos modernos: ya no existen las grandes identidades diferenciadas, menos aún las antagónicas. Lo que no significa que los partidos sean o deban ser idénticos: tienen la posibilidad de mostrarse diferentes en sus ideas, narrativas o discursos, y sobre todo en sus prácticas. Y así acercarse a los distintos grupos de población y responder mejor a sus intereses.

Pero no es claro en qué aspectos se diferenciarán, el PRI y los demás partidos políticos mexicanos, de los demás.