Interés Público

¿Fin del oligopolio?

Todavía falta para la realización de las elecciones generales en España, pero los datos de las encuestas señalan que podría presentarse una situación insólita: el fin del bipartidismo en ese país y el inicio de un nuevo sistema de partidos. En una encuesta publicada este domingo por el periódico El País hay prácticamente un empate técnico entre cuatro partidos: Podemos, en el primer sitio, seguido por el PSOE y el PT y en cuarto lugar pero cercano a los anteriores Ciudadanos.

La novedosa situación ha sido interpretada de diversas maneras. Algunos ven cambios en las ideologías expresadas sobre todo en el entusiasmo por Podemos. Un desplazamiento hacia la izquierda. Las interpretaciones en este sentido alcanzan en algunos casos altos vuelos: se habla de reconstrucciones de la realidad a partir de reconfiguraciones del lenguaje. Altos vuelos que tienen que ver con las preferencias académicas de algunos integrantes de Podemos, profesores universitarios que manejan autores como Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, incluso Derrida. Sí, el mismo que Raymond Aron confesó no entender y que Vargas Llosa expuso como uno de los casos de la “sociedad del espectáculo”.

Otras interpretaciones están más cercanas al sentido común. Consideran la crisis económica que los españoles han vivido desde hace varios años y que ha multiplicado el paro (desempleo) y los desahucios (gente expulsada de sus casas o departamentos al no poder pagar la hipoteca), las unen a los casos de corrupción de los políticos españoles, lo que da lugar a un hartazgo de la ciudadanía que daría la espalda a los partidos tradicionales (PP y PSOE) y buscaría nuevas alternativas en un partido recién formado, Podemos, o en otro que tiene algunos años pero que era minoritario, Ciudadanos, de origen catalán. Un voto de protesta, novedoso, masivo, pero más de reacción contra los gobiernos recientes y sus resultados que producto de un cambio ideológico radical.

Sea lo que sea, es de esperar que sus consecuencias sean positivas para la democracia española. PP y PSOE constituyeron, como otros partidos en otros países, una especie de oligopolio en el que establecieron su zona de confort, sin preocuparse mucho por los bienes públicos que debían generar. La aparición de oposiciones que amenazan su poder debe ser visto como un sano resultado de la dinámica democrática. Un resultado difícil, pues no es fácil la entrada de nuevos partidos a la arena de la competencia electoral.

Se ha hablado incluso de un nuevo tipo de sistema de partidos, el “partido cártel”, en donde los partidos existentes utilizan los recursos del Estado para impedir la entrada de nuevos competidores, de nuevos partidos, y crear así una zona de confort en la que conviven con comodidad. De confirmarse las tendencias de las elecciones españolas (la elección sería hasta noviembre o diciembre de este año, incluso podría trasladarse hasta enero de 2016) estaríamos ante una fractura de ese sistema.

Hay pues razones para observar el proceso español. Tiene una parte muy positiva: recordar a los partidos en el poder que siempre existe el riesgo de perder las elecciones. Que incluso en grados extremos pueden aparecer nuevos opositores y desplazar a quienes se han instalado cómodamente en el poder.