Interés Público

¿Feudalización?

Se ha comentar que las elecciones panistas del pasado 18 de mayo inauguran una nueva época en para el PAN: la era de los poderes locales, o de la feudalización. Así como la transición mexicana fortaleció a los gobernadores y dio lugar a un nuevo federalismo sin contrapesos, a una “feudalización”, algo similar pasaría con Acción Nacional. Es fácil coincidir con esta idea viendo algunos casos aislado. ¿Qué ocurre si analizamos los resultados globales de la elección?

Si la elección fue decidida por fuerzas locales que controlan los estados, ese dominio se reflejaría en los resultados electorales. En los estados donde Madero recibió apoyo su porcentaje de votación sería notablemente mayor al 56.6% que obtuvo a nivel nacional, según los resultados preliminares publicados por el partido y lo mismo hay que decir respecto al 42.1% de Cordero (http://www.pan.org.mx/wp-content/uploads/downloads/2014/05/Computo-Nacinal-190514.pdf)

En 8 de los 32 estados Madero obtuvo un porcentaje mayor al 60%. En 5 de ellos superó el 70%. Destaca el caso de Puebla, donde obtuvo su mayor cantidad de votos, 8,206 (casi el 73%). Si Puebla fue el primero en número absolutos para Madero, fue el cuarto en relativos. Sus porcentajes más altos los obtuvo en Nuevo León (78.9), Sonora (75.2) y Baja California (73.3).

Cordero supera el 50% de los votos en 11 estados. Solo en uno, Baja California Sur, superó el 70% (77.6). No le fue de mucha ayuda, pues es la entidad con menor número de militantes panistas (0.54% del padrón). Ahí obtuvo 682 votos, el 0.01 de su votación total. En Guanajuato obtuvo 60.8%, 5 mil 280 votos, el 7.7% de su total.

Estos casos extremos, los que superan el 70% de Madero y el 60% de Cordero, podrían ser los que avalaran la idea de que hubo ahí una fuerza local que operó de manera eficaz a favor de su candidato. No son de ninguna manera pruebas concluyentes, pero sí indicios importantes. Son porcentajes que se alejan mucho de los resultados nacionales de la elección. Lo que puede deberse a que las preferencias ciudadanas de los militantes panistas varían: no tienen por qué estar repartidas de manera uniforme en todo el país. Pero la sospecha, el indicio, quedan.

En el caso de los estados que no presentan valores extremos tampoco tendríamos un prueba de lo contrario: que no hubo alguna operación política más o menos ilegítima, con rasgos de voto clientelar. Puede que la haya habido, pero compitió con las prácticas clientelares del adversario o bien con el voto de opinión de militantes ajenos a cualquier presión política.

Los datos pues no dejan nada concluyente, aunque sí presentan algunas pistas para complementar con otro tipo de información. A partir de ellos parece exagerado hablar de un partido feudalizado o caciquil, pero podrían mostrar el inicio de una tendencia hacia allá. Tampoco es concluyente cómo afectó la elección a la vida interna panista por un lado y a la imagen del partido ante la ciudadanía por otro.

La campaña fue tensa, pero el final de la elección no. El derrotado aceptó el resultado, aunque no felicitó al ganador. Se vislumbra una negociación, lo que se verá en los próximos días. No se vislumbra una escisión, aunque algunos han señalado el interés de los calderonistas por fundar un nuevo partido. Por un lado la marca panista todavía vende, por otro la historia muestra que los panistas difícilmente sobreviven fuera del PAN.

Otra duda es qué tanto se deterioró la imagen del partido y qué tanto el proceso dio armas a sus enemigos. El probable que el deterioro haya sido leve, pues el ciudadano promedio es ajeno a estos procesos. Es probable que los adversarios del panismo fortalecieron su arsenal. En encuestas y en las elecciones del 2015 (federales y locales) veremos las respuestas a estas cuestiones.