Interés Público

Elecciones chiapanecas: ¿todo cambió, nada cambió?

El Colegio de México publicó recién el libro Elecciones chiapanecas: del régimen posrevolucionario al desorden democrático, de Willibald Sonnleitner. Un detallado análisis de doce años de elecciones en Chiapas (1998-2009) recuperando desde luego los antecedentes del viejo régimen y la rebelión armada de 1994. ¿Qué cambió en Chiapas en esos años? Aparentemente todo. Aparentemente nada.

Todo, porque el sistema al final de este periodo no tiene nada que ver con lo que era al principio del mismo. El autor muestra un cambio radical desde un sistema de partido casi único o hegemónico a un sistema pluralista altamente fraccionado. En la legislatura del congreso local de 1991, el PRI tenía el 86% de los diputados. En la del 2010 tuvo el 30%. Fue la minoría más grande, pero casi a la tercera parte del partido hegemónico que era 20 años antes.

La realidad electoral en los municipios cambió también de manera abrupta. En las elecciones locales de 1991 solo hubo alternancia en un municipio chiapaneco. En las de 1010 la alternancia se dio en 90 de los 111 ayuntamientos del estado.

En veinte años se pasó de un sistema a otro, de una realidad electoral a otra notablemente distinta. Pero, ¿cambió algo más? ¿La realidad social y económica de los chiapanecos? ¿Sus desigualdades seculares? ¿El creciente deterioro ecológico?

No son estas últimas preguntas las que preocupan al autor, aunque es imposible que el lector no se las formule. A Sonnleitner le preocupa en su detallado y amplio análisis de la realidad política chiapaneca si es posible que en esa entidad se arraiguen las prácticas de la democracia moderna. Sabe que la democracia es una planta exótica a Chiapas (y a todo el país, y prácticamente a toda América Latina) y que es además de lento crecimiento. Que requiere prácticas y aprendizajes de mediano y largo plazo.

Además de las complejidades propias de todo sistema democrático, las cosas en Chiapas son de por sí complicadas. El autor destaca tres grandes obstáculos para el desarrollo de una ciudadanía democrática en ese estado. Dos son comunes a todo el país: primero, el déficit de legitimidad de la democracia, que no ha producido los bienes sociales y económicos que se esperan de ella. Acertadamente destaca que la relación entre el sistema político que conocemos como democracia y el bienestar económico y social es compleja y de largo plazo. Pero eso no lo sabe el ciudadano común, que no le ve sentido a un sistema que no se traduce en beneficios concretos. El segundo, la poca legitimidad de los gobernantes.

El tercer obstáculo es específicamente chipaneco: la "triple militarización". El Ejército Federal, el zapatista y los grupos paramilitares han impuesto en algunas microrregiones chiapanecas una situación desastrosa, ajena del todo al Estado de Derecho.

El autor es optimista en que la planta crecerá y llegará a dar frutos maduros. Considera que el pluralismo electoral está ya razonablemente avanzado en el territorio chiapaneco. Discute al respecto con quienes consideran que las comunidades indígenas son cerradas, monolíticas, impermeables a la pluralidad. El otro pilar de la democracia, la ya mencionada ciudadanía, tardará más en consolidarse. Pero hay signos de que es posible, con los ritmos y tiempos propios de los cambios sociales profundos, de que será posible en Chiapas.

¿Cambió todo o no cambió nada en Chiapas? Cambió la realidad electoral y el sistema de partidos. El sistema anterior era inconcebible para el siglo XXI. El nuevo puede llegar a ser un instrumento, un medio, para generar los bienes públicos que todos queremos para Chiapas y el país: justicia, equidad y bienestar social, fin de los diversos racismos, así sean algunos "bien intencionados".