Interés Público

Costos

En 2008 el PRD eligió a su dirigencia nacional mediante el voto universal de sus militantes. El resultado fue un desastre que acabó en el Tribunal Electoral Federal, con altos costos para el partido y sus dirigentes. Aprendió la lección y en 2011 la elección fue interna, en un Consejo Nacional electivo. Hubo problemas, pero nada que ver con los de tres años antes.

El PAN parece ir en sentido contrario. El 18 de mayo de este año abrirá la elección de su dirigencia nacional a toda la militancia. Nunca ha sido así: desde su fundación esa decisión la había realizado el Consejo Nacional. En 2013 la Asamblea Nacional panista decidió cambiar el método de elección.

Es evidente que los costos organizativos y económicos para el panismo aumentarán notablemente con este nuevo método. Pero lo importante serán los costos políticos, o si por el contrario habrá beneficios para esta organización política. Considerando además que no está en su mejor momento.

Los costos organizativos son obvios solamente al ver la convocatoria: un documento de 140 artículos en 39 páginas. Antes se podía convocar en una sola página. Es una especie de “pequeño COFIPE”, un mini Código Electoral que abarca las distintas etapas de un proceso electoral constitucional, y del que llama la atención el capítulo denominado “De los topes de campaña y su fiscalización”: 39 artículos, un 28% del total. Parece claro dónde están las preocupaciones panistas en este proceso interno.

Una elección abierta a toda la militancia siempre es un riesgo. No es fácil para ningún partido garantizar las condiciones de una competencia equitativa, que dé lugar a un resultado legítimo, aceptado por todos, que mantenga la unidad partidaria y no deteriore la imagen de la organización y de sus dirigentes. Las experiencias perredistas lo muestran claramente. Un agravante en el caso del PAN es que al año pasado, hacia el mes de mayo, vivió uno de los conflictos internos más intensos desde que los foristas abandonaron la organización en 1992. El tono y el contenido del conflicto entre un importante grupo de senadores bajo el liderazgo de Ernesto Cordero y el presidente nacional Gustavo Madero no se había visto desde los años noventa.

Ahora, casi simultáneamente a la publicación de la convocatoria para la elección del presidente y del comité ejecutivo nacional, el ex gobernador de Nuevo León y ex senador panista, Fernando Elizondo, renunció al PAN. Lo hizo con graves acusaciones contra la dirigencia nacional: “la corrupción, la opacidad, el acarreo, la afiliación masiva, la compra y coacción del voto interno y externo, el uso de recursos públicos para fines partidistas, el clientelismo, los puestos públicos como botín, la subordinación al bien común en beneficio personal o de grupo, la mentira y el cinismo como estrategias”.

También hay atenuantes de riesgos para la elección panista. Si bien es la primera vez que la militancia elige al presidente nacional del partido, ya en dos ocasiones (2006 y 2013) ha electo a su candidato a la presidencia. Ambos procesos fueron considerados legítimos y no dieron lugar a conflictos. Otro atenuante: el PAN acaba de depurar su padrón electoral. Llegó a tener más de un millón 800 mil, considerando a los adherentes. El proceso de refrendo a fines de 2012 dejó menos de 400 mil, y ahora se habla de poco menos de 220 mil.

De cualquier manera la combinación de una novedosa elección universal con una coyuntura crítica para la vida interna panista parece poco afortunada para este partido. Menos probable, pero posible, es que las cosas le salgan bien al PAN y salga con más beneficios que costos: un partido capaz de superar sus conflictos y de organizar una elección abierta a toda la militancia. Ya se verá.