Interés Público

Ciencia y felicidad

Desde hace unos años el tema de la felicidad está siendo tratado con seriedad en distintos ámbitos de la ciencia, la política y la cultura. Un paso importante en esa línea es la publicación del libro de Mariano Rojas, El estudio científico de la felicidad, felizmente editado por el Fondo de Cultura Económica en su legendaria colección Breviarios.

El tema en sí mismo genera el rechazo o la suspicacia de muchos. Más recelo habrá por el enfoque presentado desde el título, es decir, por las pretensiones científicas. Felicidad y ciencia son palabras que despiertan escepticismo entre las clases ilustradas de nuestro medio, o entre ciertos sectores de ellas. Se considera que la felicidad es cosa de ñoños, pues las personas auténticas enfrentamos la realidad con “el sentimiento trágico de la vida”. Y se critica a la ciencia porque no nos da lo que se le pide a la religión: verdades incuestionables y eternas.

El libro y su temática no tendrán una aceptación fácil. Creo que tampoco la buscan. Es un libro bien estructurado y bien informado, resultado de muchos años de trabajo de investigación teórica y empírica y de asesorías a gobiernos y a organismos sociales en la tarea de investigar y medir la felicidad (un tema que despertará todavía más escepticismo). No es la presentación de dogmas, sino de planteamientos sólidamente fundados en la metodología de la ciencia económica (disciplina en la que se ha formado el autor) para proponer un cambio de paradigma en nuestra idea de progreso, de desarrollo y por lo tanto en las políticas públicas.

A los que logren superar su escepticismo y llegar a leer la introducción les llamará la atención que las dos primeras frases vienen de un poema de Borges, El remordimiento. Lo escribió a la muerte de su madre: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”. ¿La ciencia apoyándose en la poesía? Borges dejó al menos tres ideas memorables sobre el tema: los versos transcritos, la idea de que la lectura es una forma de felicidad y la propuesta de que los seres humanos sólo tenemos dos obligaciones: ser justos y ser felices (Germán Dehesa se la leyó a Vicente Fox en un acto público, cuando éste era presidente de la república, y días antes había confundido el nombre del poeta argentino).

Además de poesía (hay también versos de Neruda), la introducción a este estudio científico se apoya en canciones y dichos populares. Mencionemos uno solo, que no requiere comentario: “lo único que deseo es que mis hijos sean felices”. El tema está sin duda en la poesía, en la música popular y en las preocupaciones cotidianas. No había estado en la ciencia, o no de una manera central.

El autor es parte de un esfuerzo de muchos por agendar el problema de la felicidad en los estudios científicos y de ahí en las políticas públicas. Propone un cambio de paradigma. En los últimos siglos la idea dominante es que el progreso y el desarrollo se han centrado en el incremento de la riqueza, del ingreso de los individuos y familias. En esta idea de progreso, que ha orientado las políticas públicas, está implícita una idea de felicidad: a mayor ingreso, mayor felicidad.

Pero diversas investigaciones, en este caso realizadas por economistas, han demostrado que eso no es cierto. El libro documenta que el crecimiento económico no se traduce en mayor felicidad. Hay que considerar muchas otras cosas. El autor critica dos tradiciones sobre el estudio de este tema: la de la imputación y la de la presunción. La nueva perspectiva investiga, yendo a la vida de los individuos, qué es lo que los hace felices. Y a partir de ahí surge el nuevo paradigma, la nueva idea de lo que es el progreso y de lo que debe ser el desarrollo. Y de ahí se derivan políticas públicas muy distintas a las que predominaron en el siglo XX.

Entre las novedades de esta nueva perspectiva está que el ocio no necesariamente es siempre inferior a su negación, el negocio. Bienvenido este Breviario 582 que de manera completa y bien argumentada plantea una nueva manera de ver nuestro más importante “objetivo final” (la felicidad) y sus implicaciones para el rumbo de la vida política y económica de nuestras sociedades.