Interés Público

27 años ¿nueva etapa?

El pasado 5 de mayo el Partido de la Revolución Democrática cumplió 27 años. Parece que de las tres cuestiones que caracterizaron su nacimiento en 1989 no queda ninguna: el liderazgo carismático, el “partido-movimiento” y el predominio de la dinámica de las fracciones o “tribus”. ¿Qué quedará del partido si pierde estas tres características?

La más obvia y más importante fue el liderazgo carismático. El partido nació centrado en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, cuya candidatura presidencial cimbró al sistema hegemónico en 1988. Había que dar cauce a esa fuerza, a esa identidad de un sector muy numeroso de la población mexicana con el nuevo líder político.

Cárdenas fue candidato a la presidencia otras dos veces (1994 y 2000), con una presencia cada vez menor, aunque revitalizada por su importante triunfo en las elecciones del Distrito Federal en 1997. Otro ganador de esas elecciones, Andrés Manuel López Obrador, dio lugar a un fenómeno sumamente extraño en la política: la sustitución del carisma. Y logró ocupar en su partido y en las preferencias de un número amplio de mexicanos el lugar del líder que podría sacar al país de sus problemas. Fue segundo lugar en la votación en dos elecciones consecutivas, 2006 y 2012, el único caso en la historia contemporánea del país.

Pero los dos líderes dejaron ya al partido. Y no ha habido carisma que los sustituya. Ni parece haberlo en el corto plazo, dentro del PRD.

El “partido-movimiento” fue algo más efímero, pero también importante. Los simpatizantes de Cárdenas y él mismo consideraron que había ganado la elección presidencial de 1988. Numerosas movilizaciones trataron de hacer válido el supuesto triunfo. En parte como resultado de estas protestas, en parte porque el PRD recuperaba tradiciones de movilización de los partidos que lo formaron (PRI e izquierda), algunos de sus dirigentes plantearon que se trataba de una mezcla entre partido y movimiento político. Que ambas características no podían disociarse.

Pero mantener la movilización social es muy complicado. Se requiere de poner en la agenda intereses o amenazas que movilicen emociones de amplios grupos sociales. Eso es posible en ciertas coyunturas, pero es casi imposible hacerlo permanentemente. Y en un país como el nuestro, existe el riesgo de que la movilización se dé por vías clientelares, algo ajeno a los valores explícitos con los que el partido se fundó.

Quedan las tribus, o los grupos internos. Todo parece indicar que están vivos y actuantes. Pero deslegitimados. La tribu hegemónica, Nueva Izquierda, logró colocar en la presidencia nacional del partido a sus dirigentes en los tres últimos periodos. Pero a un alto costo. Salieron del partido sus dos líderes históricos. La imagen y la presencia electoral del PRD se debilitó. Ninguno de los dirigentes de esa fracción, conocida como “Los Chuchos”, logró un liderazgo que pudiera unificar al partido.

Por eso tuvieron que buscar una salida de emergencia: un dirigente externo. Agustín Basave, cercano al PRD pero no militante, fue invitado a ingresar al partido para que ocupara el cargo de presidente nacional. Según sus declaraciones, su presidencia inaugura una nueva etapa para el perredismo, dejando atrás las dos previas: la de los caudillos (Cárdenas y López Obrador) y la de la fracción hegemónica (“Los Chuchos”).

Todavía es pronto para saber si la nueva etapa realmente lo es. Si va a trascender y dar una nueva caracterización al partido, ya sin caudillos y sin la dinámica de las fracciones, que llegó a ser perversa, en palabras de los propios perredistas. ¿Lo lograrán los perredistas? ¿Qué tipo de partido sería? ¿Una socialdemocracia de cuarta generación, como lo plantearía Basave?

La respuesta se irá dando en el corto plazo. Este año, en las elecciones de junio, que no pintan del todo bien para el perredismo, debilitado por la salida de sus líderes, por la competencia de MORENA, por el desgaste de sus conflictos internos y por su identidad diluida por la participación en el Pacto por México. La prueba decisiva será en 2018, cuando coincidirán todas las elecciones federales con importantes elecciones locales. Ahí se verá si el PRD entró en una nueva etapa y las características de la misma.

Pregunta guía:

El jueves 12 de mayo se realizará el debate (primero y al parecer único) entre los candidatos a gobernador en Puebla. Hace seis años una alianza de partidos que se encuentran en los extremos ideológicos (PAN y PRD entre otros) nos llamaron a votar por ellos justificando esa unión heterodoxa con una razón: dar lugar a la alternancia, sacar al PRI del poder. ¿Cuál es hoy el resultado de ese objetivo logrado? ¿Qué beneficios trajo para el estado la alternancia, el sacar la PRI del poder? Ojalá en el debate nos digan si ese llamado, seis años después, se justifica o no, y por qué. En sus campañas y spots no ha habido tal justificación.