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La voz oculta de los mercados

La señora Tere tiene más de 40 años como propietaria de uno de los 500 locales que se ubican en los mercados Juárez e Hidalgo de Tampico. Heredado por sus padres, su giro dentro del centro de abastos es vender ropa para toda la familia, ya sea para niños, jóvenes y adultos.

Desde temprana hora abre su espacio, acompañada de una joven quien, como asistente, su trabajo es atender a la clientela. Religiosamente, a las 4 de la tarde se va, sino antes verificar que el último candado esté bien cerrado, y aborda un taxi que la lleva hasta su casa.

“Así ha sido toda mi vida, cuidando el patrimonio que mis padres me dejaron, y a pesar de mi edad sigo esforzándome porque el negocio no caiga”, dice la señora.

Como ella, otros propietarios más se aferran a vivir de esta actividad, pese a todos los problemas que enfrentan: el mal estado del recinto, la crisis y la inseguridad.

Pero si algo no le preocupa a Doña Tere es el tema de la construcción, tan anunciada por el gobierno del estado y el municipal, “y te digo por algo muy sencillo, no se hará, porque nadie quiere eso, nadie quiere perder años de trabajo por el capricho de unos cuantos.

Es más, son cinco líderes quienes dicen que sí, pero apenas y reúnen a 10 locatarios”, dijo con una confianza creíble, palpable, sin titubeos, muy directa.

E incluso, acota. “A la mayoría, incluyéndome, ni se han acercado para preguntarnos. Con quienes he conversado rechazan el proyecto.

Ya sabemos que tiene trasfondo político, y como no estamos dispuestos a este juego, te puedo confiar  que no habrá nuevos mercados.

Fácil, somos la mayoría los que pensamos así”. Contundente.

Y sí, aquellos dueños que no están en el reflector por dedicarse a lo suyo concuerdan con la señora Tere.

Es la voz perdida que se mantiene con bajo perfil, casi en el anonimato, pero que refleja contar con la última palabra en el controvertido asunto del ambicioso proyecto que costará al erario 573 millones de pesos, que en enero anunció el gobernador Egidio Torre Cantú.

Así, y cuando ya se aplicaron $2 millones para el proyecto ejecutivo, existen diferencias muy polarizadas.

El tiempo avanza y mientras la autoridad mantiene su plan original, no hay un pleno convencimiento entre los oferentes, principales afectados que no dudan en hacer hasta lo imposible con tal de no salir perjudicados.

No descartemos lo dicho por Doña Tere; en parte, tiene algo de razón.