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La guerra civil priista

Hace exactamente una semana, posterior a lo que fue el Quinto Informe del gobernador Egidio Torre Cantú, se habló de lo que era el banderazo para la sucesión del Ejecutivo estatal en el 2016. Pasado este tiempo, ese ruido o promoción de algunos personajes empieza a intensificarse, donde se ha visto el descaro, la novedad, el ingenio como también lo tradicional.

Es así, como cada aspirante, particularmente los priistas, hacen su lucha para que la ciudadanía los conozca y hasta reconozca el trabajo actual como pasado en la función pública. Con los medios actuales es más sencillo, práctico y en algunos casos con cierto impacto, y si bien uno se resisten a aceptarlo por el “respeto a los tiempos electorales”, sus acciones son más que evidentes.

Y si bien tampoco existen ataques o desprestigio entre ellos (lo cual difícilmente veremos pese a que es uno de los atractivos), hay una especie de guerra civil, tanto en enseñar el músculo, el poder de convocatoria, el cómo están aprovechando las plataformas y qué tantos seguidores están sumando.

Por ejemplo, sin tanto compromiso, Marco Bernal y Enrique Cárdenas del Avellano van de un lado al otro del estado desde septiembre encontrándose con empresarios, líderes políticos, medios de comunicación y representantes de la sociedad civil, su presencia en eventos oficiales importantes está casi que cantada y muy pocas veces fallan, al menos en los últimos tres meses.

Pero el parteaguas fue la conclusión del mensaje del gobernador. Tres días después aparece Baltazar Hinojosa en un evento transmitido en vivo por internet, donde abiertamente dice que va por la grande. Este martes, se escucha una canción donde “Tamaulipas lo (E)tien(n)e”, en tanto que Ramiro Ramos acrecenta sus publicaciones en redes sociales del tema que se le ocurra.

A esto, agreguemos que Alejandro Guevara Cobos aprovecha cualquier actividad que lleve invitación del Presidente Enrique Peña Nieto y puntualmente acude, para decir, “aquí estoy”, y a la vez Paloma Guillén manda mensajes de que “es momento de las faldas”, y que “el estado puede gobernarlo una mujer”.

De esta forma los personajes ya mencionados comienzan una guerra por tener los reflectores, porque el tamaulipeco sepa quiénes son, qué han hecho y qué propuestas tienen con el fin de mejorar, de darle un giro a lo que está pasando.

La realidad es que no hay ataques entre ellos, pero el ruido que andan provocando a algunos ciudadanos entusiasma, otros lo ven con incredulidad, y otro sector, que aparentemente es la mayoría, se aburre.