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Se desinfla el boom energético

Con el clásico “mucho ruido y pocas nueces” se puede ir etiquetando el tema de la reforma energética, aprobada con mucha polémica el año pasado, vendida como la más importante de las modificaciones estructurales del país en los últimos 50 años, y que pondría a Tamaulipas en el panorama internacional por todos los hidrocarburos que se iban a sacar.

Es claro que ni el gobierno federal y estatal, ni la Cámara de Diputados y Senadores, como también el sector empresarial, vieron los inconvenientes que hoy en día se presentan. La caída en el precio del barril de petróleo que se generó desde diciembre pasado ha sido un duro golpe para la mayoría de los aspectos (y recursos) en donde tiene injerencia.

Primero vinieron los recortes a las participaciones a estados petroleros en diciembre, donde a los tamaulipecos ya le empezó a ir mal, 28 millones de pesos menos comparado con un mes anterior.

Ahora, el tema de infraestructura, donde con todo y que funcionarios de Pemex Exploración y Producción garantizaron que las obras se ejecutarían, Emilio Lozoya Austin les dijo que siempre no, y hasta con la tijera a la nómina.

Esto generó ya preocupación en la CMIC y en la Onexpo, como también a otras cámaras que se flotaban las manos ante la cascada de inversiones que se avecinaban. En sus comentarios se nota la consternación, pues este escenario jamás lo imaginaron.

Falta conocer en el exterior qué lecturas deja esto, pues así como andan las cosas, para qué arriesgarse a venir, dirían en sus juntas corporativas.

Y todo esto afectará a la sociedad en general, no crecerá la economía, tampoco el turismo de negocios, las calles seguirán igual o peor de desastrosas. En sí el panorama se va oscureciendo. El boom energético se va desinflando, justo en el momento en que debió crecer.

Aunque el martes Silkymia, una empresa venezolana que se encarga de la producción de silica (material que se utiliza el neumático, pinturas, cosméticos y farmacéuticos) se convierte en un bálsamo, es insuficiente ante tanta expectativa y grandes posibilidades.

Dejemos que el problema no se planteó, lo cuestionable es que no están listas otras alternativas para atraer el capital privado, para que la inversión pública se mantuviera, dejando los proyectos tal cuales con sus montos establecidos y recortando en otros rubros que son innecesarios.

Ese es el asunto, vivimos en Tamaulipas, en México, donde es muy común que no existe un “plan B”.