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La agridulce mudanza de los mercados

Estaba más que cantado el desalojo vivido durante la madrugada de lunes en la zona de los mercados de Tampico hacia el sitio temporal ubicado en las bodegas de la compañía ferrocarrilera Kansas City. Anunciado desde días pasados, la orden se giró y tarde que temprano, con lo polarizado que estuvo el ambiente se provocó el altercado sobre la calle Héroe de Nacozari y calles aledañas, aunque sin pasar a mayores.

Como consecuencia, seis comerciantes renuentes a aceptar el traslado fueron detenidos en los hechos, y con ello, en palabras del alcalde Gustavo Torres Salinas, ya se puede tener mayor certeza de que el proyecto más importante de su administración arranque su construcción de acuerdo a lo programado, es decir, en septiembre.

El municipio cumplió con su parte, tomando la ley de su lado, finalmente decidió aplicarla sin contemplaciones, sin miedo. Argumentando el mal estado en que se encuentra el centro de abastos tras la evaluación de Protección Civil, aunado a la inversión que se hizo en todos los servicios en los locales alternos, era el momento de irse. Y lo vienen logrando.

Pero también queda una sensación agridulce, pues fue notorio que no alcanzó el diálogo, la negociación, el acercamiento y el trato que tanto pedían la mayoría de los 300 dueños de locales y de lo cual siguen quejándose.

Un tema abordado hace semanas y que se advirtió, los afectados abiertamente dijeron que querían conocer el proyecto y poniendo en claro que si había garantías de mantener su patrimonio aceptarían, pero quienes son los encargados de ver esas caras poco o nada hicieron.

El problema es la forma, no el fondo, y es en la forma donde la opinión de la ciudadanía del puerto se va dividiendo, hay quienes aplauden la acción porque se requiere algo nuevo, pero otro sector de la población lo ve con mucha injustica, con un reclamo unánime como justificable: para eso sí se puede contar con todos los elementos de seguridad pública, mientras que los robos en casas, comercios y a los que caminan por las calles siguen a la orden del día.

Por esa razón no hay mucho que celebrar la acción emprendida. En eso queda mal la autoridad.

Que mejor forma sería si en calma, sin pleitos, sin uso de la fuerza pública y del modo más pacífico posible cada comerciante firma la carta compromiso, toma toda su mercancía, la lleva a su lugar asignado y sigue trabajando a la espera de la construcción y terminación de su nuevo espacio. Así, con todos contentos, se hubiera dado la reubicación... sin embargo no fue así. Qué lástima, no debió ser para tanto.