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Ley antiviolencia en estadios no se aplica

Sigue siendo muy comentado lo sucedido en el pasado domingo en el Estadio Tamaulipas. La violencia que se vivió en las gradas tras el juego entre el Tampico-Madero y Potros de la UAEM marcó a la directiva, un sector de la afición como también a las autoridades de ambos municipios, todos ellos responsables de los hechos vergonzosos.

De entrada, y de todos es conocido, la seguridad en el inmueble no es la adecuada, lo cual quedó evidente durante todo el torneo, pese a que la asistencia siempre fue superior las 15 mil personas cada vez que había juego, ya ni decir la fase final del torneo de la Segunda División donde el sobrecupo fue evidente. El operativo especial para este juego de plano fracasó.

No solo es el número de policías, que de por sí faltan y muchos en la región sur como en el estado, también la poca prevención de los dueños del equipo, de tener todo controlado cuando las cosas pueden ponerse tensas. El personal privado de vigilancia era una cantidad ridícula para tantas personas.

Y a ello, se le agrega que las autoridades de Tampico y Ciudad Madero no exigieron las medidas necesarias a los responsables: Más lamentable es que de los detenidos por los efectivos, ninguno pisó la cárcel, cerrando el bochornoso caso conque nadie presentó una denuncia ante el Ministerio Público. Como si al final la cosa no hubiera sido tan grave. ya ni decir que entre el alcohol y el coraje, personas emprendieron la gresca que por fortuna no causó una tragedia mayor. No solo ha sido en Tampico, también ha pasado en Ciudad Victoria.

Pero también hay un contexto que supera lo deportivo o de organización, y va por lo social, lo cultural, es el reflejo de la situación que el estado pasa, que la gente absorbe y termina manifestándola de forma caótica. Parece existir una campaña de violencia en Tamaulipas, donde algunos la protagonizan, otros la incentivan y unos más la permiten.

Tan solo basta analizar la actual campaña política, basada más en señalamientos como delincuentes y narcocandidatos, sin propuestas y cuando existen todas son huecas, sin atacar el problema de raíz.

Lo último que quedaba de “inocencia” en el estado, que nadie pensaba sería tocado por actos de agresión, de golpes, de sangre y terror, era el deporte.

Hoy se da este caso y nadie sabe qué hacer, como si la ley que aprobaron en el Congreso estatal se vaya a aplicar por sí sola. De entrada, está convertido en un simple documento, ésta era la ocasión para hacerla efectiva, pero a todos, absolutamente a todos, les valió.