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Desaparecidos en Tamaulipas, otro pendiente

El caso de los estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero, volvió a recordar un pendiente que el gobierno federal tiene con la sociedad mexicana, el esclarecimiento de miles de personas que sin dejar rastro y sin motivo claro, ya no regresaron con sus familias, situación que también se padece en Tamaulipas y que no se ha resuelto por completo.

Si bien el problema se agravó en el pasado sexenio de Felipe Calderón, no existe en la administración de Enrique Peña Nieto un programa real de la Secretaría de Gobernación para intentar rastrearlos, cuando se está por cumplir dos años.

Particularmente, nuestra entidad sigue siendo un escenario donde los casos persisten, no en la frecuencia con la que se registraban en 2009 y 2010, pero al vivir tiempos en que las redes sociales y los medios de comunicación son más inmediatos, los hacen más escandalosos.

Solo basta revisar algunos documentos oficiales que han surgido de este terrible pero inevitable tema. Por ejemplo, el Sistema del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (Sirenped), contabilizó en el 2013 a 2 mil 702 personas que llegaron a tierras tamaulipecas y ya no fueron vistas en Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, tan solo en seis años.

Agregamos que a través de la Unidad de Información Pública, la Procuraduría General de justicia del Estado tuvo un registro de 627 mujeres que jamás fueron vistas con o sin vida entre 2011 y hasta el primer trimestre del 2014. A esto, en mayo pasado la PGR público cinco recompensas para dar con el destino de 9 personas quienes desparecieron en Tampico, González y Matamoros.

A este día, cada caso sigue abierto, sin resolución para los familiares que van, vienen, tocan puertas en oficinas y casas, y hacen lo imposible para obtener una respuesta, por muy trágica que sea.

Doloroso es ver el sufrimiento de los seres queridos de aquellos que no son encontradas, a quienes se les podrán cansar las lágrimas y los gritos, pero no la esperanza.

Pero lo preocupante es que mientras se anda vendiendo a Tamaulipas y a México como una tierra de gran futuro, con una enorme oportunidad de crecimiento ante las reformas estructurales que se han hecho, ninguna autoridad, sea federal o estatal, toma el mando (o el valor moral) de enfrentar esta cruda realidad.

Promesas hay muchas, pero las omisiones son miles… y de respuestas, mejor ni hablamos.