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Bullying: ni el único, ni el último caso

Y solo así, a través de la tragedia que le quitó la vida a Héctor Alejandro Méndez Ramírez, estudiante de la Escuela Secundaria 7 de Ciudad Victoria, es que ahora sí las autoridades de Educación estatal, los diputados locales, los maestros y los padres de familia han entendido la dura y espeluznante realidad que genera el bullying en escuelas de nivel básico de Tamaulipas. 

Y es que cada una de sus responsabilidades, reconocen la falta de atención en los muchachos que son víctimas de las agresiones, así como en quienes cometen estos actos, aunado a la nula aplicación de los programas de prevención.

En ese orden, la Secretaría de Educación de Tamaulipas como los paterfamilias, incluyendo al Congreso del Estado, aceptan que el problema llegó a un punto crítico.

Lo expresaron ayer y al menos en palabras del secretario Diódoro Guerra, la promesa es llegar “hasta las últimas consecuencias”.

Pero con el castigo a la maestra y subdirectora implicadas dicho problema se solucionó.

Hay miles de casos de bullying en Tamaulipas por atender, muchos de ellos en el anonimato y hasta con un contexto aún más dramático.

“Muchas historias no se saben porque los niños no hablan por miedo.

Es difícil de calcular; con lo que pasó en Ciudad Victoria ya no se debe tolerar otra muerte más. Se han relajado los programas de prevención y ahora vivimos una etapa crítica”, opina David Hernández, consejero de la Unión de Padres de Familia de la zona sur.

Y en general, hay un reto por afrontar.

“No será el único caso ni el último, por eso debemos aplicarnos autoridades, maestros, padres, todos. Hay que involucrarnos”, menciona.“Hay que coordinar esfuerzos y claro que se puede (prevenir).

Esto no debió haber pasado”, comenta Eva Laura Castilleja, psicóloga local quien ha estado atendiendo casos desde niños y jóvenes hasta adultos que pasaron y sufrieron esta etapa.

Y acota: “los programas deben aplicarse en víctimas y también en victimarios, una labor integral”. 

No solo se padece de la violencia en nuestras calles, también en las instituciones educativas, ya sea al interior como al exterior.

Contradictorio, ahí se conserva lo más puro e inocente que a esta sociedad le queda, su apuesta para mejorar el entorno presente, su niñez. 

La advertencia está hecha, el caso de Héctor Alejandro jamás se debe repetir en Tamaulipas.