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Bullying aún deambula en Tamaulipas

Laura cursa el cuarto año en una escuela primaría particular de Tampico, aunque este curso ha sido uno de los más difíciles para ella, no por las materias o por falta de capacidad para entenderlas, sino por la relación con sus compañeros.

Recientemente, una mañana de clases normal terminó de mala manera. Dos alumnos de su propio salón intentaron agredirla, uno logró el objetivo al empurarla sobre la pared del salón, llevándose fuertes golpes. El hecho llegó hasta la madre quien de inmediato la llevó a un hospital privado. Para fortuna, los estudios no arrojaron daños en la cabeza, pero aún así, tuvo que volver días después, con el riesgo latente a sufrir algo peor.

También está otro caso, el de Gerardo, un joven de bachillerato. Los problemas desde su ingreso a una institución ubicada en la zona norte de este puerto han sido una constante. Peleas con compañeros y amenaza de los profesores en menos de un año, y solo con la presión de sus padres que ya alistaban una queja formal fue como los directores dieron solución inmediata.

A esto le sumamos la denuncia hacia una maestra en una primaria de la zona centro, quien aparentemente goleó a un alumno en plena clase, caso que ninguna autoridad ha esclarecido.

Son historias referentes al Bullying o acoso escolar, una tónica que persiste en planteles educativos tamaulipecos, convertido en un fantasma que deambula sin un alto. Si antes estaba fuera de la visión de profesores, docentes, funcionarios de Educación y padres de Familia, hoy que ya se reconoció que es un asunto grave las cosas siguen igual o hasta peor.

En ese contexto, ya se cumplió el primer año del fallecimiento de Héctor Alejandro Méndez Ramírez, el caso más sonado en México en esta década, que prendió los focos en los involucrados, incluyendo del Presidente Enrique Peña Nieto, adelantando programas de prevención del gobierno federal y un largo debate sobre qué hacer, pero con muy pocos resultados.

En resumen, persiste porque los implicados no advierten, no solucionan, no actúan. En pocas palabras, no hacen lo que les corresponde. Así, difícilmente veremos menos casos como los ya señalados.

Y para cerrar, otra ironía cortesía de nuestros siempre inteligentes funcionarios. Diódoro Guerra, secretario de Educación en Tamaulipas, negó que la muerte de Héctor Alejandro fuera por acoso escolar y cerró el capítulo. Un año después, hasta le quieren poner su nombre a un parque recreativo en Ciudad Victoria.