Mimeógrafo

La vida de los otros

En este punto de su historia, a nadie le interesa rescatar la quimérica reputación o tradición histórica del PAN. A los únicos que les puede llegar a interesar semejante discusión bizantina será a sus veteranos fundadores (los que queden) y a sus historiadores. Para los demás, incluyendo a sus propios militantes y representantes en las Cámaras, no es más que un capricho que se aleja cada vez más de la "realpolitik" mexicana, con todo y sus atávicos retrocesos e inercias que bien podrían rastrearse en la obra de Jorge Ibargüengoitia. La última escena de lágrimas y risas del panismo, en Puerto Vallarta, pertenece a este tipo de ocurrentes elementos de idiosincrasia política.

Con esta premisa, resulta más fácil encontrar cauce a la inconformidad que la opinión pública y el mismo partido han hecho sentir desde que se dio a conocer el video. El problema de nuestros legisladores no es que mancillen una idea inmaculada de políticos honrados, con altas convicciones morales y respetuosos de la memoria de sus antecesores, sino que insistan en parecerlo. Esta columna ha sido insistente en el tema de la "ficción política": una barrera de protocolos, "reglas no escritas", fantasías timoratas y fanfarronerías que alejan a políticos y ciudadanos de los asuntos verdaderamente esenciales del debate público.

La fiesta con la que los legisladores dejaron descansar la pesada carga de su título nobiliario es uno de los resultados de tener una política así de evanescente. Primero que nada, centra la atención en un tema que no le resulta ajeno a ningún trabajador, oficinista, trailero, maestro, poeta o empresario, excepto porque los diputados ocupan el cien por ciento de su tiempo como representantes para proteger la idea contraria. Sería un alivio para los votantes saber que toman una elección basada en la realidad de quien se presenta como candidato. Si a tus representados no les importa que contrates "escorts" (con TU dinero), el asunto quedará en la gaveta que pertenece: la de frivolidades.

El verdadero problema es que alguien pueda chantajear a los diputados con ese tipo de material. Y que el centro de la negociación del chantaje sea, digamos, por lo menos relevante para los ciudadanos. La ficción, que a nadie tendría que importarle (personalmente, no me considero tutor ni institutriz del licenciado Villareal), tiene la perturbadora capacidad de influir en decisiones que se convierten en realidades.