Mimeógrafo

La poética de la barda

El ocaso del oscurantismo trajo consigo la multiplicación de canales de expresión para la sociedad en conjunto. Ahora nos parecen canales básicos, demasiado obvios y hasta perezosos o decadentes, pero en su momento fueron vehículos que posibilitaban la transgresión, el debate y la revolución. Las charlas de café, los rumores, las gacetillas de rápida distribución y corta vida. Y las bardas, por supuesto, miles de bardas como lienzos vacíos: espacio cuya vacuidad de repente parecía una forma adicional de opresión, un canal que no se abría.

De aquellas primeras pintadas al grafiti de ahora han pasado muchos años. El uso de las bardas y muros es de sobra conocido: anuncios de campañas políticas, fiestas populares y sonideros; obscenidades, mensajes de amor u obras de arte. Al contrario, las bardas limpias registran el paso del tiempo y la historia, estilos arquitectónicos pasados de moda, casas que solían ser distinguidas, viejas casonas de adobe que dejan crecer flora en sus crestas deslavadas. Como los palimpsestos, una escritura antigua se deja ver detrás de las capas de pintura.

Desde hace poco más de veinte años, el colectivo (¿artístico o literario?) "Acción Poética" ha intervenido las bardas de muchísimas ciudades. Fondos blancos, letras negras. Versos de Neruda o frases de Chopra, refranes y sabiduría popular. A veces las frases vienen de quien pintó la barda, algún organizador bien intencionado, soñador, cursi y poético. Como en Toluca, por ejemplo: con sus intervenciones, Acción Poética se ha echado media ciudad con aparente beneplácito colectivo. (No debería sorprendernos el apadrinamiento de instancias gubernamentales encargadas de la cultura o la juventud, pues participan del mismo mal gusto).

Lo peor es que cada día una nueva barda desaparece tras la aparentemente inofensiva pintura de los poéticos. Jardines de niños, oficinas de gobierno y hasta cementerios han de verse sepultados por el ímpetu neo vandálico de Acción Poética, que a diferencia del vandalismo habitual, no reivindica ni sacude ni llama la atención a nada más que a su propia intrascendencia con ínfulas de intelectualidad amena y accesible.

En suma, Acción Poética destruye la barda desde sus cimientos: aquel espacio libertario, discursivo, argumental, a veces ofensivo, sellado por un maquillaje de armonía tenebrosa y buena vibra. Recuperar nuestras bardas es la acción poética que nos debemos como ciudadanos, aunque sea para escribir "Prohibido anunciar", frase que ha dado más vida a los muros urbanos que todo el repertorio de Acción Poética.