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Los pecados del emperador

Hace 40 años, enfrentado a un problema de gobernabilidad e inestabilidad política insólito, Richard Milhous Nixon tomó la decisión de renunciar al cargo de Presidente de los Estados Unidos, a dos años de iniciar un segundo mandato marcado por el nombre de "Watergate" y la cada vez más evidente escasez de amigos. Nixon, como un rey solitario, pasó a la historia como el primer hombre en abandonar el cargo que mayores poderes confiere en el mundo. Y de paso, ocultando todas las otras razones por las cuales habría de pasar a la historia con una permanente marca de infamia.

La huella de los seis años de Nixon permanece hasta nuestros días, sobre todo, por una serie de decisiones que, en aquel entonces inéditas, han resultado más dañinas y desgastantes para la sociedad a lo largo de los años. Sin ser deterministas, es difícil saber a ciencia cierta cuántas cosas más surgieron de aquellos años en la Oficina Oval que ahora pesan sobre los estadounidenses y para ciudadanos de muchas otras nacionalidades. Los pecados de Nixon, sopesados con el tiempo, lo hacen uno de los actores políticos más importantes de nuestra época.

Incluso para los mexicanos resulta una figura polémica, pues fue el mismo trigésimo séptimo presidente estadounidense quien inauguró un concepto novedoso, potencialmente dañino para la estabilidad global a lo largo de las décadas, como ha sido la "guerra contra las drogas". Antes, el problema de las drogas no pasaba de ser un (serio) asunto de salud pública, un vicio acompañado por obscuros prejuicios clasistas, y no una amenaza a la seguridad nacional. La persecución de narcotraficantes, las grandes matanzas, ajustes de cuentas y barbarie generalizada nos parecen ahora tan naturales, que a veces olvidamos el origen de dicha configuración de políticas públicas. Desde entonces, Richard ya había pasado a la historia.

En Estados Unidos, una historia similar ocurre cuando se trata de seguridad social y salúd pública. Durante su mandato, se privatizó el sistema nacional de salúd casi en su totalidad, bajo la gran idea de lograr mayores ganancias para las empresas de seguros y, por supuesto, para las farmacéuticas. A la larga, la polémica por la cobertura universal de salud ha polarizado a la sociedad estadoundense en su totalidad y, al día de hoy, el asunto amenaza incluso la presidencia de Barack Obama, amenazado por sus compatriotas republicanos con una demanda en la Suprema Corte del país.