Mimeógrafo

Una columna de Piketty

Sólo una vida política polarizada por una tradición como la estadounidense, que se presume sólida y leal, con su historia, prensa y apoyo social, podría abrigar una discusión nacional con respecto a la publicación de un libro. Aunque en los últimos años aparecen diferencias entre "liberales" y "conservadores" solo pueden negociar libertades y derechos (humanos, ciudadanos, de minorías), la discusión económica permanece como el estandarte que ambos bandos intentan arrancar de las manos del otro. De ahí que podamos explicar la extraordinaria fuerza que adquirió la pugna política e intelectual del país tras la publicación de "Capital en el siglo XXI" a principios de este año.

Thomas Piketty, cuya obra antes de "Capital" no podía leerse más que en francés, ha sintetizado en este volumen toda una vida académica dedicada a investigar las razones de la desigualdad, refutando el dogma natural de la ideología conservadora: que la riqueza actual emana del trabajo. Su distribución, irregular y desmesurada, corresponde a estos dos factores y quien no se vea beneficiado por ellos sin duda carece de aptitudes para lograrlo. Al contrario, responde el flamante profesor de Paris School of Economics, la riqueza actual tiene una pinta más bien patrimonialista, aristocrática y con cierto tufo rancio relacionado a grandes fortunas heredadas y, como novedad, a los salarios y bonos absurdos de CEO's y de alquimistas financieros.

Antes de la publicación de "Capital" (como se le llama de manera desenfadada, sin miedo a confundirse con Marx), la consigna del "1%" de los Occupy Wall Street parecía nada más que una rabieta de la izquierda neo-hippy y no un paradigma económico riguroso. La entronización a manos de eminentes economistas y de la prensa liberal ha movido suficientes cabezas y ahora Piketty representa para muchos un cambio irrenunciable en el escenario de discusión para las rivalidades ancestrales de EU y también las de otros países en el mundo. Como el nuestro.

Considerando la escasa educación económica que recibimos en México, Piketty puede resultar menos fértil de lo que algunos esperan para nuestra vida política. Ahora que, si resulta un buen momento para poner a la vista el tema de la desigualdad, sería bueno que la discusión saliera de los análisis especializados y se acomode en el debate público y en la educación universitaria. "Capital" (que ahora leo en su edición en inglés) aborda un tema que concierne a tantas disciplinas académicas y ciencias existentes, pero sobre todo, a tantas realidades como la mexicana, habituada a injusticias y disparates a veces no sabemos explicar.